UNA TIERRA TAN GENEROSA COMO SUS GENTES
Jacques Cartier fue el primero en establecer durante el siglo XVI una colonia pionera en estas primerizas tierras emergentes del Atlántico, mediante un cordial entendimiento con los Iroqueses. No obstante, la escarpada costa de las provincias marítimas ya era frecuentada con anterioridad por los pescadores franceses, atraídos por las capturas de bacalao en los Grandes Bancos de Terranova y por sus resguardadas bahías. New Brunswick es un territorio de leyendas frecuentemente bañado por las brumas: un barco fantasma hechiza la Bahía Chaleur y las hadas pueblan los bosques que la recubren. Esta tierra de acogida de numerosos legitimistas a fines del siglo XVIII continúa siendo a día de hoy una región de carpinteros y marinos. Los pueblitos se erigen en torno a una iglesia de madera y astilleros, talleres madereros y depósitos de empresas papeleras ocupan los muelles de estos puertos pesqueros donde ondea la bandera acadiana.