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Canadá-Oeste

MONTAÑAS CONTRA EL CIELO

Para el viajero, es casi el fin del mundo. La provincia más occidental de Canadá limita con el Gran Norte y Alaska; tierra primitiva que expresa el rigor majestuoso de la costa del Pacífico y su accidentado relieve, y cuya inmensidad se cubre de bosques antes de fundirse en fiordos en el océano. Una región de acceso difícil en donde, sin embargo, se establecieron tribus amerindias que supieron aprovechar los cursos de agua dulce, la caza y las plantas comestibles. Su exploración no comenzó hasta 1791, con las expediciones de George Vancouver, a quien debe su nombre la tercera ciudad canadiense.

Hija de tempestades, Vancouver ha instalado sus muelles y sus grúas en el delta del Fraser, río que desciende desde los casquetes glaciares de las Rocosas. Se divisan precisamente desde lo alto de las torres de Calgary, la ciudad más “cowboy” de Canadá, antes de emprender el camino hacia los parques nacionales, en donde senderos y pistas de esquí abren el apetito para saborear el buey de Alberta o un salmón ahumado al modo tradicional: sobre una tabla de arce. Luego, una excursión en el famoso tren transcontinental le llevará, a lo largo de los lagos de colores cambiantes y a través de las montañas, hasta los miradores de Vancouver, en donde uno no se cansa nunca de contemplar el ballet de cargueros, hidroaviones y veleros de recreo.


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