LA RUTA DE FLANDES
En Valonia, las extensiones de pinos, robles y hayas, cercan los campos de brezo rojo y gris, donde se yergue orgullosa la silueta romántica de las ciudades medievales, las antiguas mansiones patricias y los castillos de la región de Bouillon, tierra de ríos trucheros y cursos de agua jalonados por viejos molinos. Al borde de las lagunas se ven corzos bebiendo y palomas torcaces cruzando el cielo que parecen indicar el camino de los apicultores valones o el de la cerveza de Namur rojiza o rubia. Cerveza trapense o de leñador a degustar en los “estaminet”, donde se sirve gratinado de endivias, blanc bleu belga – nombre de la raza bovina de la región – y espárragos a la flamenca.
Las vidrieras y la influencia de Eugène Viollet-le- Duc están presentes en las obras de Victor Horta y de Paul Hankar, principales artesanos del Art nouveau belga. Arte que puede verse todavía en la casa-taller de Horta, ahora museo, el famoso hotel Tassel y las mansiones del barrio de Saint-Gilles, como la casa Les Hiboux en la avenida Brugmann, que conservan el esplendor de antaño y su función original. A todo este pintoresco encanto se añade la fantasía del pueblo belga, que se refleja en el surrealismo burlón de los cuadros de Magritte. El arte contemporáneo hace buen contrapunto con la atmósfera nostálgica del paisaje.