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Rusia

El país más grande del mundo es una fuente inagotable de visitas. Concentrado en Moscú y San Petersburgo, el turismo también se desarrolla en Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán o Sochi, sin olvidar el este, del lago Baikal a los volcanes del Kamchatka.

Es difícil resumir un país tan vasto en unas cuantas palabras. Con 7 millones de km² y once husos horarios, Rusia ofrece un abanico de paisajes y arquitecturas a la medida del inmenso tamaño de su territorio. Moscú y San Petersburgo son sin duda las dos puntas de lanza del turismo ruso. Dos ciudades totalmente opuestas. La primera, capital de negocios y centro de poder, brilla en torno a los monumentos emblemáticos del Kremlin y la plaza Roja, simbolizada por los colores polícromos de la catedral San Basilio. La segunda, ciudad intelectual y museo a cielo abierto junto al Báltico, no acaba nunca de venerar a Pedro el Grande y su locura de grandeza, encarnada por el famoso palacio museo del Ermitage, a orillas del Neva. Así, el cruce de caminos entre las dos ciudades se ha convertido en un gran clásico del turismo en Rusia. Poco a poco otras regiones se abren a los visitantes. Es el caso de Kaliningrado, enclave ruso en el Báltico, paraíso del ámbar. Pero también de Ekaterinburgo, rebosante de museos, teatros y bibliotecas ; de Sochi, ciudad marítima en el mar Negro, o Kazán, en las riberas del Volga. Los más aventureros tomarán el Transiberiano para llegar al borde del lago Baikal o ir más lejos, hacia el este, hasta Siberia y el Pacífico.


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