Con las estancias “todo incluido” en sus hoteles resorts, la isla se ha impuesto como un destino mundial del turismo de playa. Pero también es un país recóndito con una naturaleza espléndida, impregnado de nostalgia colonial.
En el centro de la zona Caribe, la República Dominicana ha elevado el turismo al primer rango de su economía. Para valorar la importancia de su potencial, hay que empezar por las largas playas de arena festoneadas de cocoteros de la región de Punta Cana, al este de la isla. Decenas de hoteles se han implantado allí y la mayoría ofrece estancias todo incluido. Actividades balnearias, farniente y deportes son las principales atracciones del destino. Pero este éxito oculta otros atractivos. En el norte, la península de Samaná, con sus paisajes de colinas boscosas que se zambullen en el mar, seduce a los viajeros que buscan intimidad. Montañosa, la República Dominicana atrapa también a los amantes del exotismo.