UNA NUEVA EDAD DE ORO
Desde las orillas perfumadas del lago Titicaca bordeadas de juncos, frente al espectáculo de los Indios Uros maniobrando sus embarcaciones hechas de totora, en las pendientes del Machu Picchu o en las calles de Cuzco, el viajero asiste al espectáculo del Perú eterno. Páginas de un libro de las horas que podrían llevar a creer que el país se ha dejado atrapar por su aura pintoresca. Pero descubriendo Lima, en seguida se comprende que se trata de un doble juego, ya que la ciudad se ha convertido en una capital vibrante que destaca en todos los campos creativos. Esta edad de oro se hace patente en una noble disciplina: la gastronomía. Bajo la batuta del mediático Gastón Acurio, Lima se ha convertido en la Meca indiscutible de la cocina de fusión. Los sabores del altiplano, verduras, flores y especias, se aúnan con el refinamiento del este asiático traído por las corrientes del Pacífico, al igual que antes llegaron los estibadores chinos en la época del guano y las grandes capturas de pescado, contribuyendo así a un primer boom económico.