EN LOS CONFINES DEL MUNDO
Su nombre es corto, pero su geografía interminable. Chile ostenta una especie de récord mundial. Se extiende sobre casi cuarenta paralelos, desde la frontera desértica con Perú hasta el rosario de islas, canales y hielo que corona el extremo sur de la Patagonia, la Tierra de Fuego. Por ello, Chile no es un país para visitarlo una sola vez, sobre todo si se quiere incluir en el recorrido realidades tan lejanas como la isla de Pascua o la Antártida. A lo largo de sus 4.200 kilómetros, la variedad de paisajes es pasmosa. Al norte, el desierto de Atacama es un paisaje lunar y silencioso: extensiones de roca estériles cuyos tonos ocres vibran en medio de un calor sofocante, lagunas saladas en donde se escucha el batir de las alas de los flamencos y las brumas fantasmagóricas de los géiseres al frescor del alba. Los Andes delimitan al este toda la longitud del país y son tan determinantes de la identidad chilena que el blanco de su bandera hace referencia a ellos. Jalonada de faros en sus acantilados, de pequeñas iglesias de madera en Chiloé, bordeada de bahías y ensenadas protegidas, la fachada oeste está bañada por las aguas del Pacífico, las de mayor riqueza pesquera del mundo.