Relais & Châteaux es una colección exclusiva de los 500 mejores hoteles con encanto y restaurantes gastronómicos presentes en 60 países. De los viñedos de Napa Valley hasta las playas de Bali, de los olivos de la Provenza a las reservas de Sudáfrica, Relais & Châteaux reúne las etapas del itinerario más bello para descubrir cada región y cada país.
En nuestros establecimientos, cada anfitrión quiere compartir su vínculo con una cultura, con una región. Después de haber pasado en ocasiones una vida entera asimilando la historia y el espíritu del lugar, le transmiten con pasión la esencia de su personalidad y sus raíces.
Lugares de ensueño para pasar un fin de semana romántico o celebrar los momentos más importantes de la vida: cumpleaños, aniversarios, lunas de miel, reuniones familiares... Gracias a la magia de nuestras casas, las más bellas ocasiones para reunirse se transforman en recuerdos inolvidables.
Relais & Châteaux, creada hace mâs de cincuenta años por la unión de grandes hosteleros y chefs de cocina, se impone como una referencia de excelencia en los sectores de la restauración y la hostelería. Con las experiencias y el viaje a través de los sentidos que le ofrecemos en nuestros establecimientos presentes en todo el mundo, le invitamos a redescubrir y redefinir un Estilo de vida particular.
En su época fue uno de los refugios preferidos de los pintores impresionistas. Entonces y hoy, La Ferme Saint-Siméon es conocida por sus bucólicos alrededores y la preciosa luz del canal. Monet y Courbet venían aquí para trabajar el color, mientras que el poeta Baudelaire escapaba de la melancólica París para ir al pequeño puerto de Honfleur en busca de inspiración. En la actualidad esta granja está totalmente remodelada y sus instalaciones ofrecen tratamientos de belleza y relajantes a base de productos bio, como la leche o las manzanas de Normandía. “¡Oh, San Simeón!” exclamó el pintor Eugène Boudin en uno de sus viajes. Es imposible no enamorarse de este lugar, es cierto, y sólo podemos marcharnos con pena.
En Les Maisons de Bricourt gozará de impresionantes vistas a la bahía del Mont-Saint-Michel y, a sus pies, encontrará los criaderos de ostras y el puertecito de Cancale. En este mundo de ilustres marinos, el restaurante Le Coquillage se distingue por su elegante sencillez, la amabilidad y las atenciones. La cocina, basada en los productos de la bahía de Cancale, refleja el pasado de aventuras marítimas de esta región de tradición corsaria; se utilizan más de 120 especias provenientes de las Indias Orientales y Occidentales. Además de estos dos alojamientos, el castillo Richeux y la casa de campo Les Rimains, descubrirá también Les Gîtes marins, creado ex profeso para familias. La alegría de vivir de los Roellinger se palpa claramente en la pastelería y salón de té Grain de Vanille, la escuela de cocina Cuisine Corsaire y los almacenes Épices-Roellinger.
Rodeado por la inmensidad del mar y los arrecifes de la Costa de Granito Rosa, el Manoir de Lan-Kerellec es una de las joyas de la corona de Bretaña. Desde su terraza, disfrute de las increíbles vistas panorámicas de las islas Milliau, Molène y Losquet. Después, anímese a dar una vuelta por el paseo marítimo para probar el sabor salobre de la bruma marina o hacer submarinismo para observar de cerca la reserva marina natural. Cenará en la magnífica sala del restaurante con forma de casco de barco al revés, obra de los Compagnons du Devoir.
En el pasado fue puerto de contrabandistas y refugio de piratas y, hoy, Roscoff sigue siendo un destino único, con sus olas esmeralda, sus casas de pescadores de granito y sus mansiones dispersas por los acantilados. Este escondite es una antigua propiedad de comerciantes que cuenta con piscina, spa y acceso a la playa. El chef le deleitará con la calidad de sus pescados y crustáceos, comprados directamente a los pescadores de la zona. Su cocina es un exponente de la Bretaña de hoy, en la que ver, oler y degustar es un auténtico placer. Un paseo de un cuarto de hora en barco es todo lo que necesitará para descubrir la pequeña isla de Batz, una perla tropical perdida en el Canal de la Mancha con sus palmeras y sus playas de fina arena.
Platos refinados tales como el tartar de lubina y caviar, ensalada de cigalas y carpaccio de veira a la naranja adquieren un gusto muy especial cuando se sirven en un lugar excepcional como el Hôtel de la Plage. El restaurante panorámico tiene vistas espectaculares al océano y a una enorme playa de arena fina. Desde las habitaciones podrá contemplar vistas similares, e incluso escuchará el suave murmullo de las olas. Las familias alojadas en el hotel disfrutarán de la playa totalmente preparada para los niños.
Una puerta que da al océano y un pontón privado para un embarque inmediato. Navegar entre Lorient y la isla de Groix es una experiencia inolvidable y uno de los muchos placeres que le reservan este castillo y su mansión, ambos históricos, rodeados por 120 hectáreas de bosque privado con vistas a un amplio horizonte marino. También hay excursiones en helicóptero para sobrevolar los acantilados de Bretaña. Cuando vuelva a tierra, deléitese con el menú compuesto de marisco fresco y los mejores productos bretones de la zona, y después disfrute de un masaje shiatsu para redondear un día perfecto.
La apartada isla Belle-Île-en-Mer es un paraje ideal para una escapada reconstituyente. Los visitantes acceden en barco a esta “bella isla en el mar”, que hace justicia a su nombre con sus calas de aguas turquesa, sus costas rocosas, sus colinas en flor y sus puertos coloreados en tonos pastel. Castel Clara domina la pintoresca Bahía Goulphar, donde el pintor impresionista, Claude Monet, solía pintar sus mágicos paisajes. Se maravillará con las vistas de las Aiguilles de Port-Coton, una serie de formaciones rocosas esculturales que surgen en medio del océano. Le encantarán las delicias de la cocina local. Y, en el centro de talasoterapia o spa, se entusiasmará con los tratamientos de salud de Belle-Île-en-Mer con flor de tojo fresca.
Bertrand Jaquet, propietario del Domaine de Rochevilaine, siente verdadera devoción por Bretaña y su deseo de compartir esa pasión con sus huéspedes es evidente. Déjese seducir por el impresionante marco típicamente bretón en el estuario de la Vilaine con sus escarpados acantilados y sus aguas azules. Pruebe el bogavante bretón, único en su clase, en el restaurante junto al mar, donde se tiene la ligera sensación de estar cenando en la cubierta de un transatlántico. Escuche el ruido de las olas mientras recibe un tratamiento reconstituyente en el fantástico spa, tal vez “la table phénicienne” (la tabla fenicia), un masaje patentado por el establecimiento. Otra de las pasiones de Bertrand Jaquet es el arte, que los huéspedes no deben dejar de descubrir en la maravillosa galería del hotel.
Desde hace cuatro siglos, este fuerte de granito situado en la península del Croisic vigila los estados de ánimo del mar. Todavía se conservan sus murallas, fosos y puentes levadizos. Construido para resistir a las tempestades y los asaltos, actualmente, tras ese duro exterior encierra paneles de roble, jardines aromáticos, una piscina cubierta y una huerta. El chef utiliza las hierbas y hortalizas de la finca en su cocina imaginativa, a la que con frecuencia añade productos frescos del mar. De postre, el caramelo ligeramente salado es un verdadero placer para el paladar.
Los seis kilómetros de arena fina de La Baule se han unido, este año, al círculo cerrado del “Club de las bahías más bellas del mundo”. Frente al océano Atlántico se alza esta mansión de estilo Belle Époque con una elegante decoración de tipo inglés, obra del famoso arquitecto francés Jacques Garcia, en la que cada detalle es perfecto. Es el lugar ideal para una escapada con encanto. Serán acogidos por un equipo siempre atento a sus deseos. El delicioso desayuno deja ya entrever la cocina suculenta del chef, que incluye platos como el guiso de langosta o la lubina al caviar. Otro importante atractivo del lugar es el centro de talasoterapia así como otras muchas actividades, que están a un paso. Aquí lo más chic es desplazarse por la zona en una bicicleta prestada por el hotel.
En las dunas, frente al puerto encantador de La Gravette, Anne de Bretagne es una villa contemporánea, con la asombrosa arquitectura balnearia del litoral de la costa de Jade e idealmente situada para disfrutar de lo mejor de Bretaña. Desde las suites y las terrazas de estilo italiano, la vista del océano es increíble. En el excelente restaurante, la cocina de Philippe Vételé es marinera y creativa, en perfecta armonía con los vinos elegidos por Michèle Vételé, reputada sumiller. En temporada, las almejas salvajes se acompañan de “sifflets” de puerros y sorbete a la vinagreta de Muscat blanco. Los pescados se maridan con el marisco: la lubina de anzuelo cocida a fuego lento se sirve con “concassé” de sardinas, bígaros y emulsión de lechuga de mar.
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La playa de la Concurrence se encuentra a los pies de este auténtico faro de la gastronomía de la región de Charante. Aquí no se deja nada al azar. Imagínese un momento único, fuera del tiempo, en el que todo está concebido para su disfrute, en el que el reloj se ha parado en esta “route du bonheur” de Relais & Châteaux para ofrecerle un momento inolvidable. Hoy, ya sólo al timón, el hijo, Christopher se ha impregnado del famoso rigor culinario de su padre al que añade sus propios toques. Pero el sello de la casa permanece: productos increíbles del mar comprados esa misma mañana en el mercado del puerto, creatividad y pasión por la gastronomía. No dude en preguntar por el secreto del estofado de langosta bretona con mantequilla de crustáceos, o por el truco para preparar en su casa una lubina salvaje crujiente con espuma de marisco. Además, destaca la bodega con más de mil referencias que suponen 20.000 botellas.
La preciosa isla de Ré bien merece una visita. Entre sus mágicos puertos, unidos por una red de senderos para recorrer en bici, que se entrecruzan en sus tierras arenosas, Saint-Martin-de-Ré, rodeado por una fortaleza construida por Vauban, es el mejor sitio para alojarse. El hotel es una casa de armador del siglo xvii cuyas ventanas dan al puerto, cerca de la fortaleza de Vauban, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco con espectaculares vistas al Atlántico. También existe la opción de alojarse en la Villa Clarisse – una mansión privada del siglo xviii – que está a dos pasos. Ambos hoteles disponen de jardines, vistas de la ciudad histórica y piscina climatizada. Quizá, el mástil de un barco pesquero sea el único obstáculo que interrumpa una visión absolutamente diáfana de la puesta de sol.
Ubicado en la playa, en medio de la preciosa bahía de La Flotte, Le Richelieu le invita a descansar y revitalizarse. Desde aquí, los huéspedes pueden explorar la encantadora isla de Ré, que ofrece un equilibrio perfecto entre los lugares históricos y la belleza de la naturaleza. Tras un refrescante baño en el océano, vaya al pueblo de La Flotte para ver su mercado medieval y perderse en sus estrechas calles. De vuelta en el hotel, puede recargar sus pilas con un excepcional tratamiento de talasoterapia en el spa, y terminar el día con una fabulosa cena en el restaurante del hotel con vistas panorámicas a una de las bahías más hermosas del Atlántico.
A pocos minutos de la playa, andando, esta mansión del siglo xix, estilo Napoleón III, en San Juan de Luz, en el corazón del País Vasco francés, ofrece un marco íntimo protegido por árboles centenarios. El hotel, situado entre el océano y la montaña, ofrece un sinfín de actividades para practicar, destaca sobre todo la piscina en medio del parque. En el interior encontrará una decoración y muebles de estilo Art déco. En el restaurante, tendrá el placer de saborear una cocina distendida, generosa y regional, inspirada en los mercados del País Vasco.
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No se puede estar más enamorado de Marsella que la familia Passédat. Amar a Marsella es amar al Mediterráneo, tan indisociable de la ciudad como de la cocina de Gérald Passédat. El pescado es sin duda la base de su cocina, con peces pescados aquí y a veces olvidados – el bejel, el cabracho – que, servidos con crustáceos, dan una deliciosa sensación de zambullirse en el azul del mar. Un plato fetiche es por supuesto la “Bouille Abaisse”, ligera, yodada, sutil, pero también la famosa Lubina Lucie, al gusto de la abuela del chef. Deje un poco de sitio para los postres que, según reconoce el propio chef, son “extravagantes”. Las vistas del Mediterráneo son omnipresentes, tanto desde la terraza como desde el restaurante. Disfrutarán de esta vista de ensueño hasta en su habitación, espaciosa y abierta al horizonte.
En la Riviera francesa, cerca del Lavandou, esta gran villa de estilo toscano resplandece frente al mágico entorno del Mediterráneo. Rodeado de pinos marítimos, buganvillas y jardines exóticos, el hotel está bordeado por su propia playa privada de fina arena con vistas a la isla de Levant y ofrece una amplia gama de habitaciones y suites de lujo, además de una serie de casas con terraza en la arena. Es el sitio perfecto para un verdadero descanso refrescante. El restaurante potencia los sabores de la cocina sureña y desde allí se domina la magnífica bahía de Cavalière.
Un general francés se enamoró de una bella princesa del Punjab llamada Bannu Pan Deï y le construyó un palacio en St. Tropez en 1835, como prueba de su amor. Así reza la leyenda del Pan Deï, un remanso de calma inusual en el corazón de uno de los pueblos más bulliciosos de la Costa Azul. En cierto modo es como una escapada a la residencia de un marajá, decorada con claras influencias asiáticas, jardines exóticos y habitaciones diferentes, cada una con su estilo y protegidas por su propia divinidad hindú. Durante el día, descanse junto a la piscina en una cama con dosel o en una chaise longue bajo una blanca sombrilla, y por la noche, tome una copa mientras el lugar se transforma en una coctelería sofisticada. El restaurante es uno de los más famosos de St. Tropez. Los exquisitos platos preparados por el chef, con aroma de la India, Asia y Francia, son una verdadera invitación al viaje.
Colgado de una colina que domina la bahía de Saint-Tropez, el pueblo de Gassin está considerado como uno de los más hermosos de Francia. La Villa Belrose ofrece las mejores vistas del pueblo desde sus grandes terrazas y su majestuosa piscina, con una vista panorámica de 180° sobre la Bahía de Saint-Tropez. La excelencia y calidad se extienden también a la cocina y a su centro de belleza que ofrece tratamientos de alta gama. Y el servicio personalizado y discreto está garantizado.
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A la sombra de un patio ribeteado de palmeras y flores exóticas, este exuberante oasis verde es el marco de la reconocida cocina de los hermanos Raimbault. Según lo que les llame la atención en el mercado de Forville de Cannes, los Grands Chefs Stéphane y Antoine confeccionan una carta a la vez contemporánea, provenzal y asiática, en la que se puede encontrar “suflés de erizos pescados en la zona con lima” o un “Sol naciente de pescado crudo”. François, el repostero de la familia, da los remates finales a esta mágica sinfonía con su famosa “Caravana de postres”.
Entre Niza y Cannes, descubra Cap d’Antibes, una de las bahías más hermosas del Mediterráneo. El gran músico de jazz, Sidney Bechet, se enamoró de esta zona hace casi sesenta años y su canción In the Streets of Antibes perdura en esta población, que se ha convertido en cierta manera en “la Nueva Orleans europea”. Aquí el swing no sólo se practica en el festival de jazz, ya que muy cerca existen numerosos campos de golf. El Hôtel Impérial Garoupe forma parte de este marco incomparable. En esta villa de paredes rosas, los vivos colores del Sur están tamizados por los pinos que bordean los patios. El sendero privado conduce a la hermosa bahía de Garoupe.
A mitad de camino entre Niza y Cannes, integrado en un paraje sensacional con el Mediterráneo en primer plano, el Cap d'Antibes Beach Hotel es una auténtica joya de la arquitectura contemporánea. Sus líneas minimalistas casan a la perfección con el encanto y la exuberancia de la vegetación del jardín, rodeado por el mar, una playa de arena fina con vistas a las Islas de Lérins y su maravillosa piscina. La original decoración de las habitaciones y suites invita a los huéspedes a un paseo sensorial a través de los elementos que componen este emplazamiento extraordinario. La magia vuelve a salir a nuestro encuentro en el restaurante Les Pêcheurs, que se abre al mar ofreciendo un festín tanto para la vista como para el paladar, avistando en lontananza el macizo del Esterel.
Construido en los años 30, chic y atemporal, el Monte-Carlo Beach es, desde siempre, el epítome del glamour y la “dolce vita”. Renovado por la arquitecta y diseñadora India Mahdavi, este palacio, al que ha acudido todo el Ghota, ha recuperado la fastuosidad de antaño. El mar omnipresente, la fachada de color terracota que es la original del edificio, los frescos inspirados en Matisse y Cocteau, todo contribuye a hacer de este lugar un refugio para momentos especiales. En una ubicación natural catalogada como excepcional, resguardado por un bosque de pinos alepos, el Monte-Carlo Beach dispone de cabañas al borde del agua, una piscina olímpica, un spa y los diferentes ambientes de sus tres restaurantes y el lounge bar.
A las afueras del pueblo de Calvi con su maravillosa ciudadela, La Signoria, un caserón genovés del siglo xviii, está perfectamente ubicado al pie de las montañas corsas, pero muy cerca de una preciosa playa de arena. En una finca de tres hectáreas, el hotel se esconde en un paraíso frondoso de naranjos, pinos, palmeras y fuentes rumorosas. Disfrute del aroma embriagador de la flora mediterránea mientras descansa en la piscina o se relaja en el jacuzzi. Los huéspedes tendrán la sensación de estar de vacaciones en casa de un amigo en lugar de en un hotel, donde cada una de sus 28 habitaciones y villas tiene una decoración diferente. En el largo tramo de fina arena que tiene la playa de Calvi, encontrará el beach club “Signoria Mare” donde podrá degustar la sabrosa cocina de la zona en el restaurante, ambientado al estilo de una cabaña de pescadores.
Franquear el umbral de La Villa, en las alturas de Calvi, es entrar en un mundo maravilloso. El parque domina la bahía donde se perfila la silueta de la ciudadela. Jean-Pierre y Marion Pinelli han hecho de La Villa un lugar esencial de Córcega, sinónimo de armonía y serenidad. En sus tres hectáreas, la naturaleza habla, simplemente realzada por el talento de los hombres. Todas las habitaciones disfrutan de una vista panorámica excepcional de la ciudadela y la bahía de Calvi. El chef Sébastien Sevellec y su equipo le depararán experiencias gastronómicas basadas en los productos locales, que revelan todas las riquezas de Córcega, como los langostinos a la gabardina con bulgur perfumado a la lima, o la pierna de ternera corsa salteada con fricasé de guisantes con panzeta. Su segundo está al frente del Callelu, el nuevo restaurante de La Villa situado en el puerto, con una carta centrada en los productos del mar. Para prolongar el clima de bienestar general, La Villa propone un amplio espacio de tratamientos personalizados: el Spa Anne Sémonin. Todos los años, Marion Pinelli organiza exposiciones de arte contemporáneo, cuyas piezas distribuye por toda la propiedad y Jean-Pierre gestiona las “Noches de La Villa”, una serie de conciertos de prestigio que se celebran en un anfiteatro al aire libre.
Aferrado a la montaña y dominando el mar, este majestuoso edificio de los años 30 se ha convertido en el escenario donde despliega su arte el Grand Chef Mauro Colagreco. Prolongado por un soberbio huerto aterrazado donde crecen plantas aromáticas y cítricos, ofrece una vista magnífica de Menton y el Mediterráneo. En la cocina, que se puede ver desde la sala, un equipo cosmopolita se afana en crear los platos concebidos por este joven chef que encuentra su inspiración tanto en las hortalizas raras y en los brotes de las huertas del Mirazur, como en sus orígenes italo-argentinos. Su risotto de quinoa, setas de soto bosque y crema de parmesano, o los pescados del día acompañados de puré de apio nabo y salsa ahumada son otras tantas invitaciones a vivir experiencias gastronómicas originales.
Los habitantes del lugar le dirán que las playas más hermosas de Córcega se encuentran en Porto-Vecchio y la extensión de arena fina que bordea el Grand Hôtel de Cala Rossa da fe de ello. Esta gran villa de color ocre llena de patios, arcos y salones es una auténtica delicia, sobre todo para las familias. Para comprobarlo, basta con fijarse en las caras sonrientes que lucen en los álbumes de fotos todos los niños que se alojaron en el establecimiento desde hace veinte años. El hotel cuenta con un spa Clarins y un excelente restaurante. “El talento no es mío, es de esta región”, se defiende el chef. Atribuyamos pues a la región la suavidad de los raviolis de langostinos del cabo… corsos por supuesto.
Al norte de Alemania, la isla de Sylt emerge sobre el Mar del Norte. La más grande de las Islas Frisias está conectada con el continente a través del dique de Hindenburgo. En Westerland, famosa estación balnearia en el corazón de Sylt, alójese en una elegante casa del siglo xix de enorme encanto, con su mobiliario inglés, habitaciones románticas, un maravilloso spa y una sabrosa cocina local. Sylt es todavía una isla protegida que regala a sus visitantes un panorama de ensueño: cuarenta kilómetros de arena fina, cottages con techo de paja y jardines en flor. Las fotografías de la isla realizadas por el propietario ilustran el calendario anual de Sylt, que los huéspedes tienen a su disposición.
En el siglo xviii el Hotel Seesteg se utilizaba como almacén para las planchas de madera del muelle y así protegerlas de las bajas temperaturas del invierno en la costa. Hoy, el hotel se ha transformado en un excepcional lugar de relax. Todo se ha concebido para ofrecerle un ambiente íntimo sin igual en un marco elegante y de diseño. Todas las habitaciones tienen vistas al mar y la piscina al aire libre de la azotea ofrece unas vistas privilegiadas del parque nacional Wadden Sea, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Cada mañana, se deleitará al contemplar las blancas playas a través de grandes ventanales de madera, que le darán la impresión de estar flotando mecido por las olas.
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En la isla de Fyn, apodada “el jardín de Dinamarca”, nació Hans Christian Andersen que ha pasado a la posteridad por sus cuentos de hadas. Hoy en día en Millinge, un pequeño pueblo de la isla, se cuentan otras historias, en especial la de un hombre que convierte sus recetas en verdaderas leyendas escandinavas. En la mesa del Grand Chef Per Hallundbaek, el salmón se ahúma in situ y el rodaballo se sirve con hierbas aromáticas y hortalizas cultivadas en el huerto de la cocina. Arriba los huéspedes se pueden alojar en pequeños lofts con paredes de ladrillo blanco, decoración minimalista y suave iluminación. En el Falsed Kro, en la tierra de la aurora boreal, nadie necesitará que venga Sandman a esparcir su arena mágica para tener bellos y dulces sueños.
Intrínsecamente inglesa, esta elegante casa de campo con contraventanas de color verde grisáceo y praderas impecables, está situada en una bonita finca de 50 hectáreas en el campo de Hampshire, en la linde del parque nacional de New Forest. La decoración de cada habitación es única, pero todas encarnan la quintaesencia de la distinción. Emboscadas en un valle arbolado, increíbles suites colgadas de los árboles ofrecen la oportunidad excepcional de despertarse bajo la cúpula del follaje. La playa está a unos pasos si se va por el valle del “Chewton Bunny”, antiguo sendero de contrabandistas. El restaurante Vétiver aúna el encanto de maravillosos jardines de invierno, con mesas íntimas y una vinoteca sensacional al mismo tiempo clásica y distendida. El centro de puesta en forma aprovecha la pureza única del New Forest y del aire marino tan cercano, para ofrecer programas personalizados de relajación.
Ubicado en un lugar privilegiado, dominando la bahía de Ardmore, se encuentra Cliff House Hotel. Con una arquitectura muy sorprendente, la casa está colgada del acantilado y parece emerger de la propia roca. El bar y la terraza exterior, el restaurante, el spa y cada habitación tienen vistas sensacionales a la bahía. Con acceso directo al mar, el hotel ofrece numerosas actividades como kayac de mar, surf, avistamiento de ballenas, pesca y escalada. Hay muchas playas cerca y se puede ir paseando hasta St Declan’s Well en el famoso sendero Cliff Walk. Además, cerca de Ardmore, se pueden visitar otros atractivos locales como Lismore Castle y Midleton Distillery.
Rodeada de montañas y cascadas, la ciudad de Kenmare es uno de los rincones de Irlanda preferidos por los irlandeses. El Sheen Falls Lodge está maravillosamente situado para descubrir el suroeste de Irlanda y sus célebres rutas panorámicas de Ring of Beara y Ring of Kerry, así como los famosos lagos de Killarney. Además es muy conocido por su ambiente piano jazz, su colección de viejos whiskys irlandeses, la selección de grandes vinos de su bodega, una de las más grandes de Irlanda, y la manera de preparar el salmón pescado en los ríos aledaños. El establecimiento tiene unas excepcionales vistas a la bahía de Kenmare, los McGuillicuddy's Reeks y las cascadas de las Cataratas de Sheen. Todo eso, unido a la excepcional hospitalidad irlandesa y las famosas leyendas celtas, crea un halo mágico que parece flotar sobre esta tierra.
Hay un cierto halo mágico asociado a la idea de hospedarse en una isla privada y Eriska no es una excepción. Situado en la Costa Oeste escocesa, este establecimiento ofrece unas increíbles vistas al lago Linnhe y a las montañas Morvern. La isla está dedicada exclusivamente a los huéspedes del hotel, lo que les permitirá vivir una experiencia única. Con una extensión de más de 120 hectáreas, Eriska rinde culto a la naturaleza y en su finca podrá encontrar al ganado bovino de las Highlands pastando, a los tejones que vienen de visita, a las focas grises y las nutrias nadando en las aguas cercanas y una gran variedad de aves, incluida el águila real. El hotel ofrece un servicio personalizado de alta calidad y una decoración que combina magistralmente lo antiguo con lo moderno. Las islas en lontananza conforman el magnífico decorado de su campo de golf y además los clientes podrán practicar vela, tiro y muchas otras actividades durante su estancia en el hotel. Tras un ajetreada jornada, acuda al espléndido spa para una buena sesión de tratamientos y relax, para acto seguido disfrutar de una excelente comida en el restaurante del hotel.
Esta elegante casa fue el primer hotel italiano asociado a Relais & Châteaux en 1973, y la familia Gallia-Ansaldi lleva acogiendo a sus huéspedes desde hace tres generaciones. Déjese seducir por la playa privada de arena fina situada enfrente de la isla de Elba, donde reina exultante el restaurante “La Pagoda”, con su arquitectura única e increíbles vistas al mar. Relájese totalmente en los baños turcos, la piscina o el centro de bienestar con gimnasio. Los golfistas adorarán el recorrido de 18 hoyos situado en un pinar secular. Y un yate privado llevará a los amantes de las excursiones inolvidables, rumbo al archipiélago toscano.
Garriga mediterránea, pinos, playa de arena blanca, mar de un azul intenso y un soberbio campo de golf componen el paisaje de Punta Ala, tesoro natural de la Maremma toscana. Gracias a su emplazamiento único, el Hotel Cala del Porto le ofrece una vista inabarcable del archipiélago toscano, en particular de la isla de Elba, Capraia y, justo en frente, Córcega en días claros. Una piscina con vistas al puerto deportivo, un centro de bienestar, una playa privada con su restaurante, un recorrido de golf de rara belleza y un restaurante al borde de la piscina le esperan para hacer de sus vacaciones un auténtico paréntesis de relax y placer. Si le gusta explorar los alrededores, a treinta minutos en coche encontrará Bolgheri, cuna de los mejores vinos de Italia, y la pequeña ciudad medieval de Massa Marittima; a dos horas por carretera como mucho, también podrá visitar Lucca, Pisa, Siena y Florencia.
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Nacido de una historia de amor de principios de los años sesenta, Il Pellicano es uno de los refugios más románticos del mundo. Protegido por la belleza de la naturaleza, está situado entre el mar azul y la exuberante vegetación mediterránea de la costa de Argentario, en la Toscana. Las palabras del poeta francés Charles Baudelaire: “Allí todo es armonía y belleza, lujo, calma y voluptuosidad” adquirirán una nueva dimensión en este apartado resort, con su piscina de agua de mar climatizada con vistas a la costa, la playa privada, las terrazas panorámicas, el gimnasio y el centro de fitness. La decoración es elegante y a la vez sobria y los huéspedes pueden elegir entre una cena refinada en el reconocido restaurante Il Pellicano o una comida más informal al lado de la piscina. La cuidadosa atención a los detalles y el servicio impecable, prestados con una sonrisa sincera, son el santo y seña de este hotel, que le hará sentirse como en su hogar lejos de casa.
A dos pasos de Roma, al final de una ancha alameda arbolada, entre una profusión de verdor amenizado por el canto de los pájaros, se abren las rejas de La Posta Vecchia, destino exclusivo y preservado, refugio inesperado y apacible. El espectáculo que se ofrece ante usted es para cortar la respiración: los tonos ocre de las torres y, al lado, el esplendor del Castello Odescalchi. La residencia – antaño propiedad de J.P. Getty – rebosa de obras de arte, de piezas únicas de su colección privada, como las bañeras de mármol de Carrara, los muebles renacentistas o los tapices de Gobelinos. Una cena en la terraza del restaurante con vista al mar, un baño en la piscina climatizada, un tratamiento relajante en el Health & Beauty Center. Así es su jornada en La Posta Vecchia.
Este hotel es el sueño infantil de Carlino Cinque, que estaba perdidamente enamorado de este lugar y mandó construir una villa sobre un promontorio desde el que se disfruta de una vista excepcional. Con el paso del tiempo, este sueño creció y se amplió el hotel. En la actualidad, cuenta con 59 habitaciones, todas con terraza privada y una maravillosa vista sobre el mar. Los hermosos suelos de terracota decorados con cerámica, las puertas decoradas con frescos y otras maravillas enriquecen sus interiores. Desde la terraza, la vista sobre Praiano, Positano, la costa y las formaciones rocosas de Capri es espectacular. El ascensor construido en las rocas lleva a una playa privada y al restaurante, Carlino. Tampoco hay que perderse el spa y la pista de tenis enclavados entre los acantilados.
Colgado a pico sobre el mar, gracias a su situación inigualable, desde cualquier rincón, el Caesar Augustus ofrece una de las vistas más bellas del mundo. En el pasado fue la exclusiva residencia de un príncipe ruso, hoy es un hotel muy refinado, el favorito del rey Faruk que reservaba aquí su suite para todo el año. La piscina infinita, los sabores del restaurante con la vista más bonita de la isla, el piano en la terraza al ponerse el sol: ¡una emoción que no puede perderse! Bienvenidos a la Tierra de los estetas para descubrir la leyenda de Capri.