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Relais & Châteaux es un mundo en sí, un mundo diverso. Un mundo acogedor, amable y gourmet, en el que la exigencia de máxima calidad común a nuestros afiliados se une la pasión por su establecimiento y por el territorio que lo acoge.
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El arte de regalar Relais & Châteaux con nuestros Cheques y Cofres regalo CRÉATION. Para disfrutar de un fi n de semana encantador en un escenario excepcional, de una estancia alejada del mundo o de una cena gastronómica en la mesa de uno de nuestros Grands Chefs, más de 300 establecimientos de Relais & Châteaux acogen a las personas que haya elegido para regalarles una experiencia inolvidable.

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Descubran una auténtica vuelta al mundo, por la colección de Relais & Châteaux. Sea cual sea la ocasión o la duración de su estancia, cada establecimiento le ofrecerá lo mejor de su cultura y su región.
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Vivir una experiencia Relais & Châteaux significa vivir nuevas sensaciones. Cada una de nuestras casas le invita a explorar una variedad incomparable de sensaciones, en la que la belleza del lugar, la calidez de la acogida y la calidad de la cocina se conjugan a la perfección. Aromas y sabores, paisajes y colores hacen que cada estancia se convierta en una vivencia única e intensa.
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Descubran nuestra excelente oferta gastronómica, clásica o contemporánea pero siempre creativa y sorprendente. Una creatividad reconocida en todo el mundo, ya que nuestros Grands Chefs forman parte de la élite de la gastronomía mundial.

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The Inn at Little Washington.

Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux y hotel en el campo. Estados Unidos,Washington

Patrick O’Connell

Chef
The Inn at Little Washington Washington 22747

He pasado los cinco primeros años de mi vida en el inapropiado lugar en Washington D.C. hasta que mis padres se mudaron hacia el sur del Maryland: Carreteras sucias, pequeñas haciendas y grandes almacenes. Desde entonces todo ha cambiado mucho. He conseguido mi primer trabajo de cocinero en Mister H hamburgers. Llamé a la puerta y me preguntó: “¿Qué es lo que puedes saber hacer tú? ¿Sabes hacer una sopa minestrone?” Era un viejo a la antigua: Un loco de la cocina. El verano siguiente, con la edad de 15 años, he vuelto y me dijo que tenía que trabajar en un mejor lugar. Y así es que un amigo me ha presentado a un restaurante con manteles en Virginia. Y rápidamente, después de haber obtenido un diploma de teatro por la universidad católica, he estado siempre en contacto con gente y cultura relacionadas con la restauración culinaria. Era como si el resto del mundo, en comparación, estuviera en blanco y negro y fuera aburrido.

Los clientes recargan mis baterías, es bastante singular. Basta que una persona haga un comentario pertinente y afectuoso para sentirme totalmente revitalizado. Basta que alguien reconozca que hago lo que hago por amor, que no es una transacción financiera. Una mujer me dijo un día: “Espero que no le moleste lo que voy a decirle pero cuando se entra en su casa, se da uno cuenta que todo eso no tiene nada ver con el dinero.”


¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
Probablemente el plato fetiche de mi madre Gwen: “La pequeña Nacy Ettoat en su petticoat blanco”. Ilustra bien el espíritu culinario de esa época: Un plátano de pie rodeado por rodajas de piña Dole, una chiffonnade de lechuga iceberg y coronada con una cucharada de mayonesa Hellman y una cereza al marasquin.

¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
La vez en que uno de mis empleadas, Debbie, llenó una reserva entera y una nevera con demasiadas bayas de arrayán. Acababa de salir de la cocina cuando oí un ruido enorme y un gemido. Debbie había abierto la nevera que se cayó y Debbie se encontró con todas las bayas. Cuando la levanté estaba cubierta de negro y azul. Las bayas la habían protegido. La lavamos con un chorro de agua y más tarde, cocinamos un pollito con vinagre de arrayán que se ha convertido en un plato clásico. Ese es un buen ejemplo de la manera de transformar una mala suerte en buena suerte.

¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
El control. Todo lo que necesita hacer en la vida es controlar algo. Por consiguiente, elija un menú: Una entrada, un plato principal y un postre y hágalo todos los domingos durante nueve años, hasta que salga perfecto.


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