Hoteles y Restaurantes

Relais & Châteaux es una colección exclusiva de los 500 mejores hoteles con encanto y restaurantes gastronómicos presentes en 60 países.
De los viñedos de Napa Valley hasta las playas de Bali, de los olivos de la Provenza a las reservas de Sudáfrica, Relais & Châteaux reúne las etapas del itinerario más bello para descubrir cada región y cada país.

Descubrir el mundo

En nuestros establecimientos, cada anfitrión quiere compartir su vínculo con una cultura, con una región. Después de haber pasado en ocasiones una vida entera asimilando la historia y el espíritu del lugar, le transmiten con pasión la esencia de su personalidad y sus raíces.

Nuestras estancias

Lugares de ensueño para pasar un fin de semana romántico o celebrar los momentos más importantes de la vida: cumpleaños, aniversarios, lunas de miel, reuniones familiares...
Gracias a la magia de nuestras casas, las más bellas ocasiones para reunirse se transforman en recuerdos inolvidables.

A propósito de Relais & Châteaux

Relais & Châteaux, creada hace mâs de cincuenta años por la unión de grandes hosteleros y chefs de cocina, se impone como una referencia de excelencia en los sectores de la restauración y la hostelería.
Con las experiencias y el viaje a través de los sentidos que le ofrecemos en nuestros establecimientos presentes en todo el mundo, le invitamos a redescubrir y redefinir un Estilo de vida particular.
Descubra Relais & Châteaux

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Miembro de R&C
desde 1987

The Inn at Little Washington
Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux y hotel en el campo

Middle and Main Streets
P.O. Box 300
Washington - Virginia 22747
Estados Unidos
Tel.: : + 1 540 675 3800
Fax: : + 1 540 675 3100

E-mail : washington@relaischateaux.com
Web del establecimiento : http://www.theinnatlittlewashington.com/
Propietario y Grand Chef Relais & Châteaux: Patrick O’Connell
Maître de Maison: Kaan Caglar

Descanso semanal: Martes (salvo mayo y octubre)
Abierto todo el año

Patrick O’Connell

He pasado los cinco primeros años de mi vida en el inapropiado lugar en Washington D.C. hasta que mis padres se mudaron hacia el sur del Maryland: Carreteras sucias, pequeñas haciendas y grandes almacenes. Desde entonces todo ha cambiado mucho. He conseguido mi primer trabajo de cocinero en Mister H hamburgers. Llamé a la puerta y me preguntó: “¿Qué es lo que puedes saber hacer tú? ¿Sabes hacer una sopa minestrone?” Era un viejo a la antigua: Un loco de la cocina. El verano siguiente, con la edad de 15 años, he vuelto y me dijo que tenía que trabajar en un mejor lugar. Y así es que un amigo me ha presentado a un restaurante con manteles en Virginia. Y rápidamente, después de haber obtenido un diploma de teatro por la universidad católica, he estado siempre en contacto con gente y cultura relacionadas con la restauración culinaria. Era como si el resto del mundo, en comparación, estuviera en blanco y negro y fuera aburrido.

Los clientes recargan mis baterías, es bastante singular. Basta que una persona haga un comentario pertinente y afectuoso para sentirme totalmente revitalizado. Basta que alguien reconozca que hago lo que hago por amor, que no es una transacción financiera. Una mujer me dijo un día: “Espero que no le moleste lo que voy a decirle pero cuando se entra en su casa, se da uno cuenta que todo eso no tiene nada ver con el dinero.”


¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
Probablemente el plato fetiche de mi madre Gwen: “La pequeña Nacy Ettoat en su petticoat blanco”. Ilustra bien el espíritu culinario de esa época: Un plátano de pie rodeado por rodajas de piña Dole, una chiffonnade de lechuga iceberg y coronada con una cucharada de mayonesa Hellman y una cereza al marasquin.

¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
La vez en que uno de mis empleadas, Debbie, llenó una reserva entera y una nevera con demasiadas bayas de arrayán. Acababa de salir de la cocina cuando oí un ruido enorme y un gemido. Debbie había abierto la nevera que se cayó y Debbie se encontró con todas las bayas. Cuando la levanté estaba cubierta de negro y azul. Las bayas la habían protegido. La lavamos con un chorro de agua y más tarde, cocinamos un pollito con vinagre de arrayán que se ha convertido en un plato clásico. Ese es un buen ejemplo de la manera de transformar una mala suerte en buena suerte.

¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
El control. Todo lo que necesita hacer en la vida es controlar algo. Por consiguiente, elija un menú: Una entrada, un plato principal y un postre y hágalo todos los domingos durante nueve años, hasta que salga perfecto.



EL UNIVERSO DE PATRICK O’CONNELL


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