Mi padre, profesor de música, quería que fuera músico. En el colegio, asistí a un curso de cocina y entonces comprendí que esa sería mi vocación.
Después de la escuela hostelera de Lucerna, y puestos temporales en Arosa, Davos, Zúrich, Lucerna, Engelberg, conseguí un puesto de Chef en el Bürgenstock. También trabajé como docente, luego en la televisión suiza y participé en varios eventos y entre ellos el torneo de tenis de Moscú. La docencia me permitió tener acceso a la “nueva cocina”.
Chef del restaurante “Le Club”, escribí luego mi libro de recetas y para terminar, en 2007, tuve la oportunidad de suceder a Gabi Bolliger en su famoso Walserhof de Klosters en Grisons.
Mi cocina trata de ser internacional con productos regionales, de temporada y modernos.
¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
La compra del Walserhof, hotel de glorioso pasado, que vio pasar a los mejores Chefs y a algunos reyes.
¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
En la época en la que era pinche, trabajaba bajo las órdenes de un gran cocinero suizo, Paul Rüegsegger, que me dejó su cuchillo de cocina. Una noche en la que todo salía mal, me cabreé y golpeé el tajo con el cuchillo. La punta se rompió. Estaba tan avergonzado que no me atreví a decir nada y envié el cuchillo a afilar. De vuelta el cuchillo tenía 5 cm menos. El Señor Rüegsegger, furioso, pensó que el Moulin había afilado su punta hasta hacerla más corta. Quería contactar con el Moulin para echarles una bronca, pero menos mal que se olvidó y nunca se enteró de lo que había pasado.
¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
Lo importante es elegir siempre productos de buena calidad.