Llegué a la cocina después de trabajar durante 10 años con mi marido Angelo que poseía desde 1970 un restaurante de estrella en Borgomanero. Cuando compramos el Sorriso, tuve que pasar detrás de los fogones por necesidad, dado que nuestro Chef había vuelto repentinamente a Suiza en 1981.
Me apasioné muy rápidamente por la cocina y trabajando, desarrollé el deseo de expresarme plenamente. Cursé estudios universitarios pero nunca tuve cursos de cocina ni realicé prácticas en un restaurante. Como tenía familia, tuve que aprender por mí misma, buscando en los libros.
Mis amigos me animaron, en particular el Chef suizo Angelo Conti Rossini. Con mis primeras experiencias como cliente de Frédy Girardet, Georges Blanc, Bernard Pacaud o Jacques Pic, descubrí que un Chef apasionado puede transformar la cocina en auténtico arte.
Hemos obtenido una, dos y, para terminar, tres estrellas así como varios premios internacionales. Pero el hecho de entrar a formar parte de Relais & Châteaux nos abrió el mundo.
Mi cocina es tradicional, puesta al gusto del día, velando constantemente por la evolución moderna del gusto.
¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
Con Frédy Girardet: mi primera comida en el restaurante de un Chef de renombre, ¡una maravilla!
¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
En una cena, estábamos muy ocupados en la cocina, el restaurante estaba lleno, la tensión muy alta. Mi marido insistía constantemente para que se sirva rápidamente una mesa en particular… Pasó lo que debía pasar. En vez de acompañar al pichón, ¡la salsa del plato principal terminó su carrera en la chaqueta de mi marido!
¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
Cocinar con pasión, ideas claras, humildad, perseverancia y respeto por sus comensales.