"Mi trayectoria refleja fielmente mi preparación: voluntaria, mágica, sin barrera. Nacida en Holanda, prosigo mis estudios de teatro y fotografía en Johannesburgo (Sudáfrica). A los 23 años se opera en mí "la magia de la cocina". Este mundo me fascina y me atrae hasta el punto de convencer a Ciro Molinaro de que me enseñe. Este chef, uno de los más respetados de Johannesburgo, me transmite las bases del oficio y, lo que es aún más importante, alienta mi creatividad. En 1.995, me encuentro preparada y me incorporo a Le Quartier Français como chef. Desde hace ahora dieciocho años, propugno una cocina selvática en bastantes aspectos. "No me gustan los platos insulsos. No me gustan los platos obvios", como suelo decir. Mis creaciones se nutren de productos africanos excepcionales, evolucionan continuamente, ponen en juego certezas e ideas recibidas, son a un tiempo refinadas y sorprendentes, inesperadas y cautivadoras, en una palabra: mágicas."
¿Cuál ha sido su experiencia gastronómica más emocionante?
Sin ninguna duda, una cena muy particular que se organizó hace años. Aquella noche, afrontaba el reto de hacer lo imposible para 60 comensales. Todas mis brigadas trabajaban de día y de noche sin interrupción. Habíamos tenido que alquilar hornos suplementarios. La electricidad no dejaba de saltar. Fue un enorme desafío que sin embargo supimos superar: acabada la cena, nuestros clientes se levantaron espontáneamente para vitorearnos. Me sentí muy emocionada por este reconocimiento: mi brigada lo había dado todo.
¿El incidente más divertido relacionado con la cocina?
En septiembre del año 2000, estaba haciendo un stage de tres meses en The French Laundry de Thomas Keller. Una experiencia que intimidaba y el fuerte acento americano no ayudaba nada, más bien al contrario. Uno de los subjefes me pidió que le llevara el "pastacrap". Después de haberle hecho repetir tres veces la palabra en cuestión sin entender nada, pensé que podría reconocer el tal objeto cuando lo viera. Cuando me puse a rebuscar en el armario indicado, otro subjefe me preguntó qué buscaba. El "pastacrap", mascullé. El no tenía ni idea de a qué me refería. Después de tres intentos, comprendí al fin lo que me habían pedido: el "plastic wrap" (film de plástico)... Hoy todavía me da risa.
¿Su mejor consejo para los cocineros que empiezan?
Trabajar con la cabeza baja, pero con los ojos y los oídos muy abiertos. Absorber todo, como una esponja.