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Relais & Châteaux es un mundo en sí, un mundo diverso. Un mundo acogedor, amable y gourmet, en el que la exigencia de máxima calidad común a nuestros afiliados se une la pasión por su establecimiento y por el territorio que lo acoge.
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El arte de regalar Relais & Châteaux con nuestros Cheques y Cofres regalo CRÉATION. Para disfrutar de un fi n de semana encantador en un escenario excepcional, de una estancia alejada del mundo o de una cena gastronómica en la mesa de uno de nuestros Grands Chefs, más de 300 establecimientos de Relais & Châteaux acogen a las personas que haya elegido para regalarles una experiencia inolvidable.

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Descubran una auténtica vuelta al mundo, por la colección de Relais & Châteaux. Sea cual sea la ocasión o la duración de su estancia, cada establecimiento le ofrecerá lo mejor de su cultura y su región.
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Vivir una experiencia Relais & Châteaux significa vivir nuevas sensaciones. Cada una de nuestras casas le invita a explorar una variedad incomparable de sensaciones, en la que la belleza del lugar, la calidez de la acogida y la calidad de la cocina se conjugan a la perfección. Aromas y sabores, paisajes y colores hacen que cada estancia se convierta en una vivencia única e intensa.
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Descubran nuestra excelente oferta gastronómica, clásica o contemporánea pero siempre creativa y sorprendente. Una creatividad reconocida en todo el mundo, ya que nuestros Grands Chefs forman parte de la élite de la gastronomía mundial.

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Restaurant Hôtel de Mikuni.

Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux en una ciudad. Japón,Tokyo

Kiyomi Mikuni

Chef
Restaurant Hôtel de Mikuni Tokyo 160-0011

Nací en el Hokkaido en el norte de Japón, mi padre era pescador y mi madre ganadera. Crecí en una familia de 7 hermanos y siempre me gustó cocinar.
Empecé mi aprendizaje a los 15 años en un gran hotel de Sapporo, y luego en el Imperial de Tokio. A la edad de 20 años, el Chef, Sr. Murakami, me envió a Ginebra para ser Chef en la Embajada de Japón.

Hice prácticas con Frédy Girardet que me envió a trabajar con Haeberlin, Chapel y Troisgros. Con ellos aprendí los principios de la cocina francesa y quedé entusiasmado con el ingenio creador de mis mentores, cada uno con un estilo diferente.
A mi regreso a Tokio, conseguí ser el Chef de una taberna francesa y luego, en 1985, monté el hotel de Mikuni donde recibí y recibo a todos los Embajadores de Francia que han ejercido en Japón.


¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
En Tokio, en el Imperial, el descubrimiento de productos para mí desconocidos, como el vino, el foie gras, la trufa...
El recuerdo también de Frédy Girardet que podía preparar, con productos traídos a las 11h30 de la mañana un menú extraordinario para toda una sala al almuerzo.

¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
En Vinexpo 1995 tenía que haber una recepción de 180 personas en Saint Emilion. Mis dos Chefs y yo hemos trabajado de la mañana a la noche para organizar los 180 cubiertos. Pero todos los productos llegaron de manera muy desordenada.
Por lo tanto, hubo que apelar a nuestra imaginación para recomponer una cena: Hemos servido un foie gras pasado rápidamente por la sartén con hierbas aromáticas que encontramos alrededor del castillo, el hermoso pescado se mezcló pertinentemente y la codorniz se sirvió en forma de rodajas... Habíamos logrado retransformar una cena sin que nadie se diera cuenta.
Y la recepción fue un éxito.

¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
Cuando se va de compras al mercado, hay que escoger lo que a uno le guste, confiar en su propio instinto y en su propio gusto.