"Cuando era más joven quería ser arquitecto. Hasta aquel curso, en la escuela, sobre la cocina en un restaurante...¡Seré chef! Desde entonces he hecho múltiples cursos de cocina y repostería por toda Suiza. He escuchado, observado, practicado y aprendido mucho. Sobre todo me ha quedado grabada la importancia de una organización rigurosa, que permita hacer trabajar al unísono a varios equipos con competencias diversas y un objetivo común: hacer la mejor comida posible, y ello, sin reprimir la creatividad que se alimenta especialmente de productos excepcionales. Con el paso de los años, he acabado por encontrar mi propio lenguaje, mi manera de expresarme. En nuestro almacén de 1.836, reconvertido en casa de campo con encanto al estilo inglés, Anni, mi mujer, en sala, y yo mismo en los fogones, abogamos desde el año 2000 por una cocina enraizada pero creativa, fresca, de temporada. Una construcción de la mente con una estética refinada. En el fondo, otra forma de arquitectura".