De niño en Nyons, tenía dos centros de interés: El deporte y la comida. Mi poco trabajo personal en el Liceo clásico me impidió poder ser profesor de deporte, con lo cual me orienté hacia la cocina.
¿Mis principales influencias? François Clerc en la Vieille Fontaine de Maison-Laffite, Serge Chenet en Villeneuve-les-Avignon, en la época del Prieuré, Antoine Westerman en el Buerehiesel de Estrasburgo, Jean Michel Bédier en el Chiberta en París, Stéphane Raimbault en el Oasis de Mandelieu la Napoule, sin olvidar Dominique Le Stanc, que, de cierto modo, ha sido mi "papá" de gastronomía en el Négresco de Niza, y, para terminar, Christian Morisset en el Juana de Juan-les-Pins.
La persona que más me marcó ha sido Dominique Le Stanc, alsaciano de Niederbronn-les-Bains, apasionado por los sabores de la Côte d’Azur, por su talento, el arte de dirigir sin elevar la voz, una visión depurada de la cocina enfocada al producto… ¡Excepcional!
Mi paso por el Négresco a su lado y el encuentro con el Señor y la Señora Schön en Germigney representaron grandes oportunidades para mí. A todos ellos va mi mayor agradecimiento.
Pasé a ser Chef con 27 años, bajo la tutela de Dominique Le Stanc. Practico una cocina fresca, simple, atenta a las estaciones y al terruño rico del Franco Condado.