Enrico: Mis padres me han transmitido el amor por la gastronomía enseñando la seriedad, el profesionalismo y el amor al oficio.
Mis primeras armas las hice en la cocina familiar. Una vez que me titularon en idiomas, empecé a trabajar y frecuentar las grandes mesas del mundo. Eso me permitió aprender las técnicas modernas.
Las principales etapas fueron con Heinz Winkler en Munich, Sirio Maccioni en Nueva York, Georges Blanc en Vonnas y Ferran Adrià en Rosas. Sin olvidar el restaurante familiar y luego la inauguración de nuestro Relais & Châteaux en la campiña. Esta evolución continua me aporta mucha satisfacción y emoción. Cada día es un reto y una estimulación para mejorarse.
Mi cocina quiero que sea sólida, concreta, que se apoye en materias primas seleccionadas con amor, muy frescas, osando nuevas tendencias y las últimas técnicas.
Roberto: Empecé en este oficio gracias al restaurante que llevaban mis padres que me han transmitido la pasión y la voluntad de trabajar bien.
El hecho de haber hecho mis primeras armas cuando era joven, tener que mantener cierto nivel y haber hecho prácticas con Troisgros y Vergé, así como en numerosas escuelas profesionales como Richemont y Lenôtre me han permitido enriquecer mi bagaje profesional.
Permanezco curioso y abierto a nuevas experiencias. El objetivo primordial es satisfacer al cliente. Lo importante es hacer de modo que los huéspedes se sientan bien para que quieran volver. Pues sin clientes, no hay restaurante.
Trabajamos en equipo: Mi hermano y yo, desde que hemos terminado nuestros estudios.
Nuestra cocina es a base de productos frescos y de calidad, elaborados de manera tradicional, pero con la aportación de las técnicas de la nueva generación.
¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
Enrico: Se remonta a una visita a Milán de la reina de Inglaterra, con motivo de la cual nos han encargado a mi hermano y a mí el menú de la cena de gala: Viva emoción, mucha adrenalina e inmensa satisfacción.
Roberto: Como mi hermano: La visita a Milán de la reina de Inglaterra cuando tuvimos que hacer nosotros la cena de gala. Viva emoción, mucha adrenalina e inmensa satisfacción.
¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
Enrico: Cuando aún estábamos en nuestro antiguo restaurante, mi padre tenía la costumbre de exponer el pescado recién llegado en un gran escaparate sobre hielo. De niño, me acuerdo que había exhibido allí un pez espada de metro y medio. Al salir para llevarlo a la cámara fría, dos cocineros poco diestros lo pusieron en el carro. Al pasar por la cocina clavaron la espada del pez en el posterior del pinche. Después de habernos asegurado que el susto fuera mayor que el mal, nos echamos todos a reír a carcajadas.
Roberto: Uno de mis colegas se apoyó por despiste en una estufa. No había visto que estaba encendida y su chaqueta empezó a quemarse rápidamente.
¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
Enrico: Diviértase en su cocina, pero venga más a menudo a comer a nuestro restaurante.
Roberto: Cocinar es divertido y no solo los domingos.