Régis : En 1956, El famoso año del frío, mis padres, campesinos, tuvieron que dejar su granja y como teníamos que vivir, mi madre empezó a trabajar en el café del pueblo. Mi padre, entonces, era comerciante de vinos.
Pocos años después, mi madre empezó a proponer pinchos y acondicionó habitaciones. Me crié en este ambiente. Mi madre conocía perfectamente a todos sus clientes y los consideraba como amigos.
En 1979, recuperé el hotel familiar y quise perpetuar la tradición de recepción que había hecho famosa a esta casa. La evolución del restaurante ha implicado un personal más numeroso, en particular en la cocina. Lo que ha motivado la construcción de un nuevo restaurante en la colina… ¿Cómo resistirse a la tentación de ofrecer una vista tan bonita a nuestros comensales?
Nuestro deseo es que las comidas sean auténticas fiestas. Recetas que reflejen la naturaleza del entorno, nuestra personalidad, la tradición. Productos generosos y sorprendentes… Hierbas de primavera, aves, carnes de ganadería de la meseta, lentejas verdes de Le Puy, quesos de Ardèche y Auvernia… y sobre todo, las setas, que con los años, se han convertido en el emblema de nuestra casa. .
Jacques : Apasionado por la cocina, cursé estudios de hostelería, obtuve el bachiller ES y el título de técnico superior (BTS) en el instituto St Chély d'Apcher en Lozère.
Después de una prácticas, llegué a Saint Bonnet le Froid para trabajar con mi padre en 2005, llevando dentro de mis maletas una sólida experiencia que gané trabajando con varios chefs: La escuela Tsuji, Bernard Pacaud en la Ambroisie de París, Eric Biffard en Les Elysées du Vernet, Gilles Goujon en el Vieux Puits de Fontjoncousse, Philippe Rochat en Crissier cerca de Lausana en Suiza, y, para terminar, la escuela Lenôtre para pastelería.
¿Cuál ha sido su mayor emoción gastronómica?
Régis : En el 1995, en el norte de Japón. Tuve la suerte de probar por primera vez un caldo a base tricholoma, uno de los más raros de la familia de los matsutake. Un perfume intenso que quedará grabado en mi memoria durante mucho tiempo.
¿El incidente de cocina más divertido que haya experimentado?
Régis : Una noche de recepción para una boda, llevaba con tres colaboradores un pastel de varios pisos que nos había dado mucha faena. Las natas empezaron a resbalar por un lado y pese a todos nuestros reflejos terminaron en el suelo. Me quedé petrificado, algunos de mis colaboradores se escaparon y allí me quedé inmóvil. Contra toda expectativa, los clientes empezaron a aplaudir. Hoy todavía lo recuerdo sonriendo pero sigue siendo un mal recuerdo.
¿Su mejor consejo para los cocineros aficionados?
Régis : Pasárselo bien para dar alegría a sus invitados. Todo sin moderación.