La tradición familiar me enseñó el amor por el producto bello y el respeto por la calidad. Cada día se desarrollaba, para mí, al ritmo de la realización de la cocina que se operaba a lo largo de la jornada como un auténtico rito.
Adolescente, he adquirido el amor por la gastronomía descubriendo la mezcla de sabores, el contraste entre los gustos y las alianzas insólitas: dulces, saladas, amargas, ácidas.
Me hice cocinero por pasión, talento y creatividad, atraído por la idea de trabajar los ingredientes como un verdadero arquitecto.
Empecé mi recorrido profesional con un aprendizaje en Saint-Moritz, y, luego, bajo la tutela del gran Chef Angel Paracucchi en Ameglia, aprendí a exaltar los sabores.
En el Moulin de Mougins de Roger Vergé y en París, con Gaston Lenôtre, encontré poco a poco mi equilibrio y forjé mi determinación.
Desde 1982, en el Arnolfo, mi restaurante familiar, voy expresando mi cocina de inspiración mediterránea contemporánea.