La provincia francófona del Canadá sabe retener al visitante en todas las estaciones del año. El encanto de sus bosques y la animación de las ciudades de Montreal y Québec convierten a esta región de herencia francesa en un país cálido y abierto.
Un viaje a Québec es una ocasión única para combinar los grandes espacios americanos con una cultura de marcados acentos europeos. Tierra inmensa de bosques regada por el río Saint-Laurent, esta región francófona de Canadá seduce desde un principio por sus paisajes. Así, la Mauricie y la región de Saguenay-Lac St Jean se imponen como paraísos de la naturaleza propicios para los largos paseos o para sobrevolarlos en hidroavión. Con sus paradas a orillas de los lagos en los pabellones de pesca transformados en residencias de gran confort, las famosas pourvoiries. El placer de descubrir se disfruta tanto en verano como en invierno, bajo el gran manto blanco...
Otro atractivo natural de Québec es el Saint-Laurent. Descubrir este mar interior y sus orillas, en crucero por el río o por el golfo, justifica el viaje. Desde Tadoussac, en verano y en pequeñas embarcaciones, los más intrépidos pueden salir al encuentro de las ballenas y las belugas, magníficos cetáceos blancos, que llegan hasta aquí para reproducirse.
Por lo que respecta a las ciudades, Québec encantará a los aficionados a la arquitectura a la europea, pues es una ciudad turística y comercial con encanto provinciano, dominada por el famoso castillo Frontenac. Montreal, «capital» de Québec, entra en la categoría de las ciudades activas, con sus calles perfectamente alineadas, sus edificios «neoyorquinos» y su riqueza cultural. Toda la provincia goza, indiscutiblemente, de una fuerte personalidad.
Por lo que respecta a las ciudades, Québec encantará a los aficionados a la arquitectura a la europea, pues es una ciudad turística y comercial con encanto provinciano, dominada por el famoso castillo Frontenac. Montreal, «capital» de Québec, entra en la categoría de las ciudades activas, con sus calles perfectamente alineadas, sus edificios «neoyorquinos» y su riqueza cultural. Toda la provincia goza, indiscutiblemente, de una fuerte personalidad.