Antiguo enclave portugués que se convirtió en uno de los polos turísticos más dinámicos de China. En el delta del río de la Perla, la ciudad exhibe sus casinos y restituye la atmósfera colonial de los tiempos europeos.
Junto con Hong Kong, Macao ha sido uno de los enclaves coloniales más famosos de Asia. Devuelta a China en 1999, la ciudad, que linda con el mar de China meridional y constituida por una península unida a dos islas, conservó su vocación de ciudad del juego, multiplicado los casinos-hoteles, carreras de caballos y galgos, propicias a todas las apuestas. Más de unos veinte de estos templos del juego participan en la reputación de esta ciudad, atrayendo a clientes chinos e internacionales que generan una renta equivalente a la de Las Vegas.
El atractivo de la ciudad no sólo se limita a los casinos y a la intensa vida nocturna. Inscrita en el patrimonio mundial de la UNESCO, Macao encierra tesoros de arquitectura colonial y religiosa, que pueden descubrirse recorriendo a pie una ciudad entre las más densas a nivel de población del mundo. Entre los edificios y sitios destacados, citemos el templo budista A-Ma, el edificio más antiguo de la ciudad; el teatro Don Pedro V, construido por los portugueses en 1860; el barrio de los Moros; la plaza del Senado, corazón de Macao; la catedral, edificada en 1622 e iglesia católica principal de la ciudad; las ruinas de la iglesia San Pablo; la muralla de la antigua ciudad, construida por los portugueses ya en 1569; la Santa Casa de la Misericordia, el antiguo hospital… Para una vista general de la ciudad y la península, la excursión hasta la fortaleza de Guia es un gran clásico. Desde este punto alto, la “excepción Macao” se aprecia con todo su significado.