Pocas ciudades del mundo han conseguido conservar tanto sus tradiciones. Fez, situada en Marruecos, es la «capital» intelectual y espiritual de un país en donde millares de artesanos trabajan en una medina resplandeciente.
Fez está situada en el norte del país, entre las montañas del Atlas Medio y el Rif, y puede enorgullecerse de una rica historia que aún impregna la ciudad una atmósfera incomparable. Desde hace siglos ha contado con la presencia de intelectuales, sabios, religiosos y maestros; estos hombres de gran cultura han dejado un magnífico legado de mezquitas, madrazas (escuelas coránicas), palacios y museos. Fez, ciudad destacada del Islam, es también famosa por su artesanía, una vida bulliciosa de pequeñas manos que se ponen a trabajar en barrios gremiales en donde los buscadores de gangas pueden encontrar maravillas en venta.
La ciudad está dividida en tres grandes sectores y, principalmente, concentra la mayor parte de su riqueza en Fez el Bali, la antigua medina. Al perderse deliberadamente en el laberinto de callejuelas, una vez atravesadas las babs (puertas) que controlan el acceso, surgen la madraza Bou Inania, el Museo Dar Batha con sus colecciones de arte popular, la mezquita de El Karaouiyine, varias plazuelas exquisitas con sus fuentes, foundouks (edificios antiguos dedicados al comercio) y la actividad embriagadora de los zocos. Junto a los zocos de joyeros, perfumistas, alfareros, encuadernadores, latoneros, los zocos de los curtidores y tintoreros, con sus cubas al aire libre llenas de tintes naturales y los tenderetes de telas, recuerdan que Fez sigue siendo en gran medida una ciudad con un ambiente medieval donde el tiempo parece haberse detenido.