
Al sur de Australia, Tasmania es un espléndido resumen de la isla-continente. Tierra de montañas y valles, bordeada de puertos y playas, la isla destaca por la calidad de su arquitectura colonial.
Separada de Australia por el estrecho de Bass, Tasmania ha sabido conservar el encanto de tiempos antiguos y el recuerdo de la época colonial. Se contrapone, por tanto, a la efervescencia de Sydney o de Melbourne. Su capital, Hobart, al pie del monte Wellington, desprende una atmósfera a la vez provinciana y marina. El barrio de Battery Point, con sus edificios históricos, sus antiguas casas de pescadores y sus pubs, evoca la época de los primeros colonos, a principios del siglo XIX. El puerto de Constitution Dock acoge cada año, en enero, a los veleros de la célebre carrera Sydney – Hobart. Las otras ciudades de Tasmania corren parejas: Richmond está considerada como el puerto más antiguo de Australia; New Norfolk cuenta con una arquitectura de final del XIX; Queenstown todavía está impregnada de la época del aluvión la riada de buscadores de oro; Launceston, segunda ciudad de la isla, conserva notables edificios coloniales en el barrio de Yoktown Square, con restaurantes y tiendas.
La naturaleza es el otro punto fuerte de Tasmania. El Cradle Mountain Lake Saint Clair National Park, al norte, es el parque más famoso de la isla, con cumbres espectaculares y gargantas. La costa oeste permanece salvaje. Es el reino de los bosques, los lagos profundos y las montañas afiladas.
Gracias a su aislamiento, Tasmania tiene una gran riqueza ecológica. Árboles tres veces milenarios, koalas, wonbats y diablos de Tasmania (marsupiales carnívoros) se pueden ver en sus numerosos parques (Southwest Nacional Park, Bonorong Wildlife Park, etc.).