En el sur del país, la segunda ciudad de la la República de Irlanda despliega sus bellos edificios georgianos y una intensa actividad comercial. Se encuentra cerca del mar y es también la puerta de entrada a penínsulas llenas de encanto.
Cork es un importante centro comercial desde el siglo XIX. Aún hoy asume su vocación comercial, con una multitud de tiendas concentradas en el centro de la ciudad, construido sobre una isla entre dos brazos del río Lee. A través de acertadas vías peatonales, el visitante se pasea con toda calma disfrutando de las hermosas casas georgianas que jalonan las calles típicas, como Grand Parade, South Mall y las calles del Huguenot Quarter. El paseo urbano conduce también hacia otros edificios interesantes: St Finbarr’s Cathedral, con sus tres flechas y su interior victoriano; The Red Abbey, el antiguo priorato y edificio más antiguo de Cork; el ayuntamiento, impregnado del recuerdo de un ilustre descendiente de emigrantes, John F. Kennedy, que llegó para pronunciar un famoso discurso; por último, Parliament y South Gate Bridges, dos puentes históricos desplegados sobre el brazo sur del río Lee.
En las inmediaciones de Cork encontramos el castillo de Blarney, conocido por su piedra, de la cual se dice que concede el don de la elocuencia, así como Cobh, en cuyo puerto el Titanic efectuó su última escala en 1912 antes de desaparecer en el Atlántico. Ambos lugares constituyen dos puntos de gran interés para la visita. Más lejos, Cork abre paso también a magníficas penínsulas salvajes. Mizen Head, Sheep’s Head y Beara Peninsula se proyectan entre espolones rocosos hacia el océano, al igual que Ring Peninsula, en el condado vecino de Waterford, y proporcionan extraordinarios paisajes de piedra, planicies y costas salvajes que han dado fama al país.