
Capital del imperio de Carlomagno, Aix-la-Chapelle fue, en una época, el centro del mundo cristiano. Pero la historia de esta ciudad, en la encrucijada entre Bélgica, Holanda y Alemania, se remonta a tiempos más antiguos, en que los romanos acudían aquí para beneficiarse de las fuentes de agua caliente y sulfurosa en sus termas. En cuanto a su patrimonio, la ciudad no carece de monumentos y otros edificios antiguos.
La catedral, cuya construcción fue iniciada por el gran emperador, es de obligada visita. Nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga grandes tesoros y belleza, y presenció, en su época, la coronación de numerosos reyes germanos.