Norderney, una isla del Mar del Norte situada en el archipiélago de Frisia oriental, ofrece el sabor incomparable de su carácter salvaje y sus inmensas playas azotadas por tempestades. Es un paraíso natural que resulta fascinante en cualquier estación.
Salpicada de islas llanas azotadas por el viento, la costa germano-holandesa aprovecha esta geografía inusual para atraer visitantes ávidos de tranquilidad y naturaleza. Así sucede con Norderney, una de las islas de la Frisia oriental. Se extiende de oeste a este entre sus vecinas Juist y Baltrum. Sus 26 km² llanos y arenosos, accesibles por ferry, sedujeron en un principio a los ricos aristócratas alemanes, antes de atraer a políticos y artistas. En Norderney, encontraremos pocos automóviles, ya que la isla se presta más a los paseos en bicicleta. Así se llega por ejemplo a la costa norte, a lo largo de una extensa franja de arena blanca siempre en guardia contra los asaltos del Mar del Norte. El litoral resulta muy agradable en verano cuando brilla el sol, y también lo es cuando la tormenta arrecia, iluminando Norderney con una luz surrealista y violenta. Se trata de situaciones meteorológicas durante las cuales los turistas saben encontrar refugio en el único pueblo de la isla, en el extremo oeste, donde se dan cita las compras y la gastronomía. Gracias a la presencia permanente de turistas, Norderney, apodada «la Reina del Mar del Norte», cuenta con gran cantidad de instalaciones hoteleras y deportivas y es sede durante todo el año de varios eventos culturales.
¡A pesar de su aislamiento, Norderney es una isla donde la palabra aburrimiento queda prohibida!