
Los romanos vivieron en Capri desde la antigüedad, lugar de veraneo ideal que presenta una situación única en el Golfo de Nápoles, con un espléndido clima y una belleza que embriaga. Los Procuradores del Imperio construyeron en ella sus lujosas villas, cuyos vestigios seguimos admirando. En la década de los 50, la jet-set se dejó seducir por su encanto, redescubriendo sus salvajes bellezas, como el Belvedere de Tragara, los Faraglioni y la gruta azul (Grotta Azzurra). En barco o caminando por las carreteras panorámicas y las calzadas romanas que ciñen Anacapri, se aprecia con plenitud esta dulce y serena vida que encantó e inspiró a Lucreio, Picasso, Oscar Wilde, Jean Cocteau y a tantos otros.