
Célebre puerto de la Costa Amalfitana, cerca de Nápoles, Sorrento domina el Mediterráneo desde lo alto de sus acantilados. Este famoso centro de vacaciones está a dos pasos de pueblos como Positano y Ravello, de la isla de Capri y de Pompeya.
La costa amalfitana, rocosa y abrupta, es probablemente una de las más espléndidas de Italia. Enfrente de Nápoles, Sorrento, colgado a pico sobre el mar, tiene abundancia de hoteles y restaurantes y despliega una red de pequeñas calles jalonada de numerosas tiendas. Algunas ofrecen el famoso limoncello, un licor exquisito hecho a base de limón, que es la especialidad de la villa. También hay que disfrutar de la catedral, del claustro de San Francisco de Asís, del pequeño puerto de Marina Grande y de las innumerables terrazas que sobrevuelan el mar.
Descubrir la península, bajo un clima casi siempre radiante, es una auténtica maravilla. Por una carretera pintoresca que serpentea por encima del Mediterráneo, desvelando paisajes impresionantes, el itinerario conduce a Positano y después a Amalfi. Positano está colgado de una colina, en vertical sobre las olas. Muy chic, sus tiendas son el reflejo de la moda italiana.
Amalfi, otra perla de esta costa, es una antigua república marítima desde la que partieron las cruzadas en el siglo XI. La cúpula de su iglesia es soberbia. Más arriba el pueblo de Ravello destaca por sus dos villas, Rufolo y Cimbrone, y sus jardines exóticos.
Hacia el norte, se puede llegar fácilmente a Nápoles o al Vesubio. La excursión favorita sigue siendo siempre Pompeya y sus vestigios petrificados tras la erupción del volcán, al principio de nuestra era. Por mar, los barcos unen Sorrento con Capri, sin duda la isla más famosa de Italia.