Si Sarlat seduce por su arquitectura medieval y sus viejas piedras calcáreas de color ocre dorado, la capital del Périgord Negro cautiva por su historia milenaria y su entorno salvaje.
La ciudad alberga tesoros como la «lanterne des morts», el Hôtel de Maleville o la casa de La Boétie. Por lo que respecta a la gastronomía, los champiñones y las trufas del Périgord son las grandes protagonistas.
Al oeste, en el municipio de Les Eyzies abundan las cuevas trogloditas y otros refugios subterráneos, testigos de la existencia de los hombres en la prehistoria.