Gozando de un clima generoso, la estación suiza tiene gran notoriedad por su elegancia y sus animaciones culturales. Además ofrece varias opciones de escapadas entre el lago Lemán y la montaña.
Pensándolo bien, ¿podría uno imaginarse encontrar en Suiza una microrregión con un clima meridional? Este milagro existe efectivamente en Montreux, estación balnearia a las orillas del lago Lemán mirando hacia el sur y protegido de los vientos frescos por un anfiteatro de montañas. Esto sin duda constituye el encanto que atrae desde hace tanto tiempo a tantos turistas, y entre éstos, al escritor francés Jean-Jacques Rousseau que alababa ya sus méritos en La Nueva Eloisa.
Pasar unos días en Montreux puede ser sinónimo de un cuento de hadas. La tranquilidad de la ciudad, la magnífica ordenación de sus edificios, sus palacios suntuosos y los paseos en barco por el lago Lemán la convierten en una etapa a la vez vivificante y relajante. Dos veces al año, la ciudad entra en efervescencia al desarrollarse, durante la semana posterior a Pascuas, los Encuentros Corales e Internacionales, y, en julio, el tan famoso Festival de Jazz.
Más allá de estos eventos, Montreux es una ciudad con un rico patrimonio. Como testimonio citaremos el castillo de Chillón, fortaleza medieval construida en un islote rocoso, y los museos, como el Audiorama, museo nacional suizo de la tecnología audiovisual y el nuevo y futurista museo Ruzo, dedicado al pintor.
Si el visitante tiene ganas de salir un poquito de la ciudad, sólo tiene que ir a la estación y tomar uno de los trenes de vía métrica para darse una hermosa escapada por la vecina montaña.