Primera capital sedentaria de Japón, Nara posee un patrimonio de rara riqueza, reuniendo palacios imperiales, templos budistas y santuarios sintoístas. El Yakushi-ji, el Todai-Ji y el santuario de Kasuga son los más bellos testimonios culturales del centro de la ciudad.

No muy lejos, los montes Kii albergan las rutas de peregrinaciones dedicadas al sintoísmo y al budismo, a lo largo de densos bosques, ríos, torrentes y saltos de agua. Aún hoy, millares de peregrinos las recorren para alcanzar los lugares sagrados de Yoshino y Omine, Kumano Sanzan y Koyasan, en los que se admiran santuarios y templos de madera que se remontan al siglo IX.