
En el centro oeste de Honshu, la isla mayor del Japón, Kanazawa es una fortaleza de la tradición y la cultura niponas. Ciudad próspera, heredera de samuráis, sostenida por una orgullosa gastronomía, seduce a los turistas.
Menos célebre en el extranjero que Tokio o Kyoto, Kazanawa, unos 500.000 habitantes, se impone como una de las ciudades más atractivas de Japón. Tres son las razones de esta etiqueta: Su geografía, su historia y su modernidad. Su situación es un argumento de peso. A tres horas en tren al norte de Kyoto, enmarcada por los ríos Saigawa y Asano, la ciudad está adosada por un lado a los Alpes japoneses y mira por el otro al mar de Japón. Su pasado también está a su favor. Su administración estuvo durante casi tres siglos en manos de un clan de samuráis del que ha conservado una hermosa herencia histórica, alrededor de un castillo feudal remodelado.
La ciudad, que los bombardeos de la última guerra no impactaron y marcada por la tradición de Kaga-yuzen (tejidos estampados para kimonos), tiene un barrio de casas de tierra y madera en las que antiguamente vivían los samuráis, así como casas de geishas. En muchos lugares hay restaurantes que sirven una cocina donde los productos del mar son la atracción y que proceden del célebre Omi-ichiba (el mercado local). Y la tradición también está en la cita en Kenroku-en, clasificado como uno de los tres jardines más famosos de Japón.
Pero la ciudad ha cambiado con el tiempo. Capital del shopping, cuenta desde 2004 con el notable “Museo de Arte Contemporáneo del siglo XXI” y atiende a sus viajeros en su estación futurista con el célebre portal Tsuzumi, esperando recibir el Shinkansen (tren de alta velocidad) en 2014.