Lo que mejor caracteriza al país del Sol Naciente, es la gran distancia entre sus tradiciones milenarias y su sed de modernidad. Lejos de oponerlas, Japón abraza sus dos polos opuestos, orgulloso de su pasado, orgulloso de su presente, y mirando hacia el futuro. De las rutas shinto a los fantásticos rascacielos de la megalópolis del archipiélago japonés, el visitante se deja llevar por el juego de los contrastes, por el placer de sumergirse de una época a otra, haciendo saltos de miles de años, hacia delante o hacia atrás, a la vuelta de la esquina.
Además de su extraordinario patrimonio cultural, el Japón puede enorgullecerse de una gastronomía de excepción, pues allí concurren las mejores cocinas del mundo, del simple sushi-bar a los mejores restaurantes del planeta.
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