Relais & Châteaux es una colección exclusiva de los 500 mejores hoteles con encanto y restaurantes gastronómicos presentes en 60 países. De los viñedos de Napa Valley hasta las playas de Bali, de los olivos de la Provenza a las reservas de Sudáfrica, Relais & Châteaux reúne las etapas del itinerario más bello para descubrir cada región y cada país.
En nuestros establecimientos, cada anfitrión quiere compartir su vínculo con una cultura, con una región. Después de haber pasado en ocasiones una vida entera asimilando la historia y el espíritu del lugar, le transmiten con pasión la esencia de su personalidad y sus raíces.
Lugares de ensueño para pasar un fin de semana romántico o celebrar los momentos más importantes de la vida: cumpleaños, aniversarios, lunas de miel, reuniones familiares... Gracias a la magia de nuestras casas, las más bellas ocasiones para reunirse se transforman en recuerdos inolvidables.
Relais & Châteaux, creada hace mâs de cincuenta años por la unión de grandes hosteleros y chefs de cocina, se impone como una referencia de excelencia en los sectores de la restauración y la hostelería. Con las experiencias y el viaje a través de los sentidos que le ofrecemos en nuestros establecimientos presentes en todo el mundo, le invitamos a redescubrir y redefinir un Estilo de vida particular.
Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux y hotel en el campo
“Aquí, todo es mágico y generoso, la luz, las peñas, los paisajes, los grillos, los olivos…” Enamorados de “su” Provenza, Jean-André Charial habla de ella y también la hace expresarse como nadie a través de la cocina de su chef, Sylvestre Wahid, que sublima sus ingredientes tradicionales. Huevos de gallina en fina gelatina, salmonete, albahaca y flor de tomillo… Los sabores cantan, explotan, sorprenden… Una mesa excepcional, en una elegante casa de artista, en el corazón de uno de los más hermosos pueblos de Francia.
Acurrucado en la falda de una colina y bañado por el sol provenzal, el Couvent des Minimes acogió en sus inicios a religiosas, antes de convertirse en un hotel con prestaciones de alta gama. Este edificio, que data de 1613, es una sabia combinación de arquitectura histórica y moderna. Fachadas de época, jardines aterrazados donde florecen centenares de especies botánicas, interiores y decoración contemporáneas… La alquimia es perfecta. Una benignidad puramente mediterránea penetra en las habitaciones, cuidadosamente decoradas, así como en el Couvent des Minimes Spa par L’Occitane, ¡gran lugar de plenitud y promesa de una “puesta a punto en sensaciones”!
La Sainte-Baume… Legendaria por su bosque de hayas conservado desde hace siglos y por su gruta de Santa María Magdalena, lugar de peregrinaje desde la Edad Media. A sus pies, el terreno de Châteauneuf y su finca del siglo XVIII, donde gustaba alojarse a la familia Bonaparte. Un pequeño palacio de verano con sus baldosas antiguas de ladrillo rojo, sus frisos de cerámica y sus baldosines de terracota en los baños. Bajo los castaños de la terraza disfrutará de una impresionante vista del golf internacional de la Sainte-Baume y gozará de la calma religiosa que envuelve el lugar. Grandes momentos.
El Château de Rochegude, situado en el centro de la Drôme provenzal, domina majestuosamente el viñedo de Côtes du Rhône. Las bodegas del castillo se encuentran entre las mejores de esta denominación y son un punto de partida excelente para hacer degustaciones en las bodegas de los viticultores de alrededor. Pero su viaje no debería detenerse aquí, porque en esta región hay muchas más cosas para descubrir, como las grutas de Ardèche, vestigios romanos como los de Vaison-la-Romaine, el Puente del Gard o el teatro antiguo de Orange. A su regreso al Château no deje de tomar un pequeño tentempié tan exquisito como este: trufas calientes y crujientes estofadas con mantequilla, acompañadas de huevos y rebanadas de pan tostado.
Propietarios de otros dos establecimientos en la región, a la que aman con pasión, Geneviève y Jean-André Charial han resucitado este antiguo convento con un admirable trabajo de renovación y decoración. Los muebles contemporáneos se incorporan en las piedras originales en un armonioso diálogo. La carta del restaurante es también un canto a la región: “filete de San Pedro asado con mantequilla semisalada y alcachofas de Provenza”, “magret de pato crujiente sobre su piel al chutney de fruos secos con perfume mediterráneo”…
Hace 2.000 años, bajo el reinado del emperador romano Augusto, la tribu celta de los Tricastinos se instala en la Drôme provenzal, más concretamente en el lugar de Augusta Tricastinorum, actualmente conocido como Saint-Paul-Trois-Châteaux. En homenaje a esta magnífica herencia, la Villa Augusta ha conservado los restos de su época romana bajo el oro y el ocre de sus fachadas. Una mansión propicia para el descanso más absoluto, con su piscina rodeada de árboles y sus interiores de una elegancia depurada. La especialidad local, la trufa negra del Tricastin, adereza la cocina de la casa y es el pretexto ideal para realizar unas bonitas excursiones en busca de este valioso manjar.
El intenso azul del cielo de Provence se expande sobre esta otra maravilla, obra de Jean-André y Geneviève Charial, versión más bucólica, pero tan excepcional como Oustau de Baumanière. Le Cabro d’Or es un palacio de quietud, con sus interiores claros y amplios, cuyas ventanas se abren a un jardín íntimo y apacible. Es un lugar que le ata definitivamente al universo colorido y refinado, tan creativo en el arte culinario como en el arte decorativo. Cenas arropadas por el suave canto de cigarras y, por supuesto, acompañadas de vino producido por los Charial. ¿Su nombre? “L´Affectif”. Amaderado y sedoso al paladar
Al pie de las Dentelles de Montmirail y del monte Ventoux, que tanto gustaban a Paul Cézanne, se encuentra un lugar con encanto e historia. Las antiguas dependencias de este municipio varias veces secular - la rectoral, los establos, la escuela…- se restauraron y acondicionaron en excepcionales casas rurales. Una etapa provenzal en la que no faltan ideas para hacer una escapada: mercados, pueblos medievales, anticuarios, campos de lavanda y talleres de artistas dan vida a la región. Otros aspectos interesantes de esta zona: una cocina generosa y perfumada que sublima la región e inolvidables catas de los vinos del Ródano, entre Gigondas, Vacqueyras y Châteauneuf-du-Pape.
Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux en el campo
Una cocina excepcional, un marco cálido y refinado realizado con artesanos del Gard, el restaurante Alexandre es un sitio único, reflejo del entorno. Michel Kayser transfoma el arte del gusto en una revelación. Aquí, más allá de la disposición elegante del plato, el placer está en los sabores singulares de los productos de estación hábilmente trabajados y ensamblados con los vinos gratificantes del Languedoc Rousillon. Cocinero de corazón, Kayser comparte su casa con sus propias convicciones y, a través de una cocina sabia, enraizada y sureña, les conducirá hasta alcanzar una sensación de bienestar que va in crescendo a medida que se desarrolla el festín.
Médico y astrólogo del Renacimiento, conocido por sus predicciones, Nostradamus nació en este pueblo estratégicamente situado para explorar las maravillas de la Provenza. ¿“Vio” que algún día se levantaría un hotel excepcional a pocos metros de su casa, convertida hoy en museo? En esta antigua abadía, se han acondicionado las celdas de los monjes cistercienses en habitaciones con una vista divina a la meseta de Salon, desde la Camargue a la Sainte Victoire, y la piscina rodeada de pinos y moreras. Deje el futuro a Nostradamus y disfrute plenamente del presente…
Idealmente encaramado en lo alto de un magnífico pueblo provenzal, situado a la vuelta de una callejuela adoquinada, Le Vieux Castillon ofrece una arquitectura renacentista con un encanto increíble. Desde la terraza se puede disfrutar de una vista panorámica de las viñas: la eterna Provenza sigue existiendo ahí, ante sus ojos. También disfrutará de una cocina llena de notas soleadas, lustrada por el aceite de oliva de la región, perfumada por los mil y un aromas de la garriga y acompañada por una buena selección de crus regionales. Todos los ingredientes se encuentran aquí reunidos para hacer de su estancia en esta casa un momento excepcional en un lugar mágico.
“Cuando estaba en Aix quería estar en otro lugar y ahora que estoy aquí, la echo de menos…” escribía Cézanne. Usted también quedará seducido por el encanto de esta ciudad, de sus callejuelas recorridas por un perfume de farniente, y por el de esta granja florentina. Aquí, los dormitorios están revestidos con suntuosos tejidos, telas bordadas con los colores del sol, y dan a un jardín privado que huele a lavanda. La cocina ensalza la Provenza, con platos como el carré de cordero fileteado y hecho a la sartén, caviar de berenjenas con aceitunas, salsa de ajo negro, albahaca frita...
Una estancia azucarada como la especialidad local: los famosos “pastelillos de almendras” con aroma de melón y de naranja...
Molinos de agua, molinos de viento, construcciones de piedra seca (“bories”), sus paisajes llenos de luz, sus puestas de sol estremecedoras… El encanto inaudito de Luberon, al cual sucumbieron tantos artistas -Marc Chagall, Serge Poliakoff, Vasarely…- se aprecia en su plenitud alojándose en esta grandiosa casa de campo, construida en torno a una piscina, muy codiciada cuando el sol calienta la piedra hasta volverla blanca… Que delicioso es el nado, en el país de Chagall y de las cigarras…
Sucesivas generaciones de la familia Gleize se ocupan con esmero de esta antigua casa de postas del siglo XVIII. Los balcones sobre los huertos, los jardines enlosados, las contraventanas de color verde almendra son obra de Jany, último vástago de la dinastía. En la cocina se reinventa la tradición de las recetas provenzales de Gabriela, la abuela: acento, raíces y gusto. Lo dulce es objeto de minuciosos ciudados, en homenaje a Pierre, el padre y confitero. Para placer de los chefs, una huerta biológica da lo mejor de la tierra. Más que una buena parada: un viaje de todos los sentidos, una escala natural hacia la felicidad.
Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux y hotel a orillas del mar
No se puede amar más a Marsella que la familia Passédat. Amar Marsella es amar el Mediterráneo, indisociable de la ciudad tanto como lo es la cocina de Gérald Passédat. El pescado es por supuesto el producto estrella de su cocina, un pescado que se pesca aquí, un pescado a veces olvidado - la galinette, el chapon - que se alternan con los crustáceos y le dan esa deliciosa sensación de estar sumergido en el Mar Mediterráneo. El plato fetiche es, sin lugar a dudas, la Bouille Abaisse, yodada, pero también el famoso Loup Lucie. Haga sitio también para los postres que, como reconoce el propio chef, resultan “extravagantes”. Las vistas al Mediterráneo por su parte se encuentran siempre presentes tanto desde la terraza como desde el restaurante. Y como la vista es magnífica, podrá disfrutar de ella hasta en su habitación, espaciosa, abierta al horizonte…
Restaurante de un Grand Chef Relais & Châteaux y hotel en una ciudad
“Concebimos este restaurante como concebimos nuestros platos: primero lo hemos imaginado”. Con 24 años, los famosos hermanos Pourcel tuvieron un flechazo por esta residencia abandonada en el centro de Montpellier. Abrieron allí su primera casa: un “jardín” que celebra los cinco sentidos, donde los sabores del Languedoc y del Mediterráneo son salados, dulces, suaves o amargos pero siempre ensalzados. Celebrar los sentidos es también cuidar las líneas: la decoración del hotel fue obra de Bruno Borrione, quien dio a este lugar con una firma contemporánea, y un diseño único, que expresa un verdadero arte de vivir.
Entre Roussillon y Gordes, Le Phébus es una masía construida en piedra seca donde las suites se abren a las aguas tranquilas de sus piscinas privadas. Una joya de la hostelería en la que da gusto encontrarse cuando el mistral sopla por la garriga. Una escala maravillosamente situada para descubrir el Lubéron y revitalizarse con los tratamientos del spa Carita. El restaurante resucita con mucho arte antiguas recetas provenzales y firma una sopa de pistou magistral.
Construida en un parque botánico de cinco hectáreas, una residencia estilo Segundo Imperio adornada con hierro forjado, madera esculpida y coloridas telas… En el Château de Montcaud, siempre hay unas notas de música para acompañar su estancia. Los conciertos clásicos le
proporcionarán hermosas veladas románticas y, en verano, no se debe perder los “jazz lunch”, acompañados con una cocina típica de Nueva Orleans. El Château de Montcaud es un maravilloso punto de partida para acudir a las fiestas de Avignon, Uzès y Orange, a muy pocos kilómetros.
Situado sobre una loma, en el corazón de una explotación enoturística, desde Domaine La Coquillade se disfruta de una vista excepcional del Luberon y el monte Ventoux. Este caserío encantador está compuesto por seis prestigiosos edificios – el más antiguo del siglo XI – en los que se han habilitado suntuosas habitaciones y suites. La Coquillade invita a degustar su cocina, gastronómica o tradicional según las preferencias, y los caldos de los viñedos Aureto, que estimularán sus papilas hasta alcanzar lo sublime. Los amantes del vino, de los grandes espacios abiertos, de la naturaleza y el deporte, se verán colmados por la serenidad y el bienestar que encontrarán en este marco idílico.
En medio de viñas exuberantes, el Château de Berne disfruta de una finca protegida de 600 hectáreas donde cada año se producen cerca de 500.000 botellas. Este templo de la viticultura puede enorgullecerse de ofrecer una gama de cosechas prestigiosas y originales, como la Cuvée Spéciale, envejecida en barrica de roble. Se alojará en una habitación llena de encanto con contraventanas verde almendra y vistas al bosque, las viñas o los jardines que albergan una gran piscina desbordante. Máxima relajación entre tratamientos en el spa, tenis, senderismo y BTT, cursos de cocina y de enología y el centro de puesta en forma.