La ciudad tejana es la novena ciudad de los Estados Unidos y reúne a 6 millones de habitantes. Prosperó gracias al petróleo, y hace gala de un nuevo urbanismo desenfrenado dotado además de una gran animación artística y comercial.
En el centro de Texas, Dallas encarna magníficamente el gigantismo urbano al estilo americano. En esta ciudad diseñada para los automóviles, el distrito centro (Downtown) y sus rascacielos dicen mucho de la fortaleza financiera de sus empresas. Torres como la del Bank of America (281 m), el Chase Center (240 m) o la JP Morgan Chase Tower (225 m) muestran la supremacía de su modelo. Pero Dallas no es sólo una ciudad de negocios. Se enriqueció gracias al petróleo desde la década de 1930; las sucesivas crisis han afectado a una ciudad que ha sabido apostar por recursos de carácter más artístico para atraer visitantes. Prueba de ello es la reciente finalización de obras arquitectónicas sobresalientes como el Centro Sinfónico Meyerson (del arquitecto Ieoh Ming Pei, 1989), la Ópera Winspear (de Norman Foster), el Teatro Wyly (de Rem Koolhaas) y el Centro Escultórico Nasher (de Renzo Piano), todas ubicadas en el acertadamente llamado Art District. Tiendas, restaurantes y discotecas completan este nuevo panorama, donde el consumidor es tratado con todo el respeto, al igual que en East Dallas o en los distritos de ocio de Lakewood o Deep Ellum.
En Dallas, el visitante puede disfrutar de la riqueza cultural y también de una relativa tranquilidad. En el Museo de Arte de Dallas abundan las colecciones permanentes; el Arboretum de Dallas y sus colecciones de flores son una delicia para los ojos. Por su parte, South Dallas y el barrio de Oak Cliff conservan algunas sorprendentes calles empinadas jalonadas por casas antiguas.