La metrópolis británica se reinventa a sí misma cada día. Se trata de la capital de las compras y del entretenimiento, salpicada de decenas de monumentos y museos. Su dinamismo garantiza itinerarios y atracciones siempre nuevos.
Londres es una ciudad ecléctica. Por supuesto, está el Londres de la realeza y de los negocios, con el Palacio de Buckingham, la Torre de Londres, el palacio Kensington, Westminster, el cambio de Guardia, el barrio de la City... También hay lugares emblemáticos para vivir o para relajarse, como Piccadilly Circus, Oxford Street, Carnaby Street, Covent Garden, Greenwich, Notting Hill, Hyde Park... Finalmente, está también el Londres cultural, gracias al cual los turistas pueden saturar sus sentidos en el Museo Británico, en la National Gallery, en la Royal Opera House o en el museo de Madame Tussauds.
Pero Londres no sería Londres si la ciudad no cesara de sorprender cada día a los visitantes con nuevos lugares y atracciones. Desde hace unos quince años, la capital es noticia por su arquitectura atrevida, sus atracciones originales y la rehabilitación de sus barrios. Una estancia en Londres, ciudad famosa también por sus lugares de buen comer, debe incluir además la visita a la torre de observación más alta del mundo, la London Eye (el Ojo de Londres), al museo Tate Modern, ubicado en una antigua fábrica, al magnífico estadio del Chelsea Football Club, a las orillas del Támesis, retomadas por los nuevos ciudadanos, los centros comerciales futuristas… No hay nada como recorrer la ciudad en metro -el famoso Tube-, en los famosos taxis negros o a pie, una ciudad en la que cada desplazamiento proporciona una nueva visión sobre el urbanismo y el estilo de vida inglés contemporáneo.