Ecuador, con los Andes, el Pacífico, la región de las Sierras y la Amazonia, combina los paisajes excepcionales con el ambiente colorista de sus pueblos indios y sus ciudades coloniales. Un tornasolado país en el centro de Sudamérica.
Su nombre suena como promesa de exotismo. Ecuador, situado en la línea que divide al mundo, ostenta un ambiente tropical firmemente temperado por un abrupto relieve. Y un ejemplo de ello es su propia capital Quito. A 2.850 m de altitud, la ciudad y sus magníficas residencias coloniales están encerradas en un estuche de altas cumbres que le confieren un sorprendente carácter montañoso. Tras descubrir la gracia de los edificios y de algunos museos, es propio tomar el teleférico hacia el volcán Pichincha para descubrir el majestuoso paraje por el que se extiende la capital.
Columna vertebral del Ecuador, los Andes ofrecen una gran cantidad de excursiones: el parque y el volcán de Cotopaxi, la región de Otavalo y sus mercados indios, el tren de los Andes desde Riobamba, el parque nacional del Chimborazo… Más al sur, la ciudad de Cuenca comparte también este carácter andino. Casas blancas, callejuelas adoquinadas, iglesias: su arquitectura colonial en el límite del parque de Cajas y de los pueblos encaramados en lo alto de un decorado que el tiempo ha mantenido intacto.
Al este del país, la Amazonia se impone. Pasada la ciudad de Tena empieza el territorio «verde» y los itinerarios exóticos para el descubrimiento de las comunidades selváticas.
En Ecuador, los aficionados a las estancias en la costa también están de suerte. Aunque el país no posee grandes instalaciones costeras, ofrece, sin embargo, el encanto de pequeños pueblos de pescadores (Puerto López) y el exotismo de un archipiélago de leyenda, las Galápagos.
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