Este gigantesco país evoca la fiesta y una indolencia balsámica. Valiéndose de su cultura colonial, ofrece ciudades mecidas por los ritmos musicales así como los fantásticos espacios naturales de la costa, la Amazonia y el Pantanal.
El mayor país de Sudamérica no puede resumirse en una sola palabra. Exceptuando el denominador común de la lengua –el portugués–, Brasil es un calidoscopio de parajes y ambientes tan complejos, que para admirar todos sus encantos serían necesarios varios viajes. Entre sus principales atractivos se cuentan las ciudades: Río, la playa de Copacabana, el carnaval y el Cristo del Corcovado, auténticos mitos «vivientes»; Salvador de Bahía, el mestizaje, su famoso barrio colonial; Brasilia, la capital de la arquitectura futurista; Sao Luis y sus vestigios portugueses; Fortaleza y su hospitalidad legendaria; Belem y su mestizaje cultural; Manaos, la Amazonia y su naturaleza exuberante… La Amazonia, pulmón verde del hemisferio sur, encuentra en Brasil su más extenso campo de expresión. Las excursiones organizadas por el río (y sus afluentes) en barco y piraguas constituyen recuerdos inolvidables. Más al sur, los amantes de la naturaleza se embriagarán con el furor de las aguas en las cataratas del Iguazú (fronterizas con Argentina) o con la abundancia animal de la reserva del Pantanal, con miles de pájaros, mamíferos y reptiles. A lo largo de toda la costa, las playas y las islas garantizan un turismo costero más tranquilo, ideal para concederse un tiempo de descanso al ritmo distendido que caracteriza al pueblo brasileño.
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