En la ruta que va de Cannes a Grasse, Mougins es el arquetipo de pueblo provenzal. Se encuentra enrollado como un caracol en torno a una colina. Su estética sedujo a Picasso y continúa atrayendo a turistas que admiran su armonioso encanto.
Mougins se encuentra muy cerca de Cannes y del Mediterráneo, y goza de una tranquilidad llena de clase que contrasta con el bullicio de la costa. Se trata de una de sus ventajas, acentuada por un emplazamiento dominante que ofrece majestuosas vistas del interior de la Provenza. El pueblo parece sacado directamente de una imagen de Epinal: casas antiguas de tonos ocres y contraventanas de color lavanda, callejuelas en forma de espiral, terrazas animadas, placetas, fuentes… No es sorprendente que Picasso se enamorara de Mougins después de haberla descubierto en 1935. Decidió instalarse en la población con su esposa Jacqueline en 1961, ocupando la ermita de Notre-Dame-de-Vie, un santuario que domina majestuosamente el pueblo. Desde ese momento comenzó la fama de Mougins y la pequeña ciudad no se desembarazó jamás de una atmósfera artística, simbolizada por sus numerosas galerías y tiendas de artistas.
Aunque se acude a Mougins por este ambiente provenzal refinado, también se encontrarán dos interesantes museos en la población. Alejado del pueblo, cerca de la autopista, encontramos el Museo del Automóvil, donde se exponen bellos modelos de vehículos antiguos. El Museo de la Fotografía, por su parte, fue creado por un amigo de Picasso y atestigua la calidad del arte del retrato, con clichés de Clergue, Doisneau o Lartigue. Mougins constituye una etapa perfecta para una estancia en la Provenza y podemos encontrarla en la famosa ruta de Napoléon, algunos kilómetros antes de los senderos de Grasse.