Draguignan, la antigua ciudad administrativa del departamento de Var, tiene un viejo casco encantador y un urbanismo audaz. También es la entrada a la región de Dracénie que es conocida por sus pueblos, entre ellos Lorgues, que es uno de los más hermosos.
El alto país de esta región es una tierra predestinada para el turismo. Todo es paz, empezando por el clima suave y luminoso y la hermosísima campiña romanesca y continuando con el encanto impactante de poblados medievales. Draguignan es el epicentro, por dos razones. La mayor ciudad de la región que es a la vez su nudo comercial y su memoria viva, como antigua capital administrativa del departamento de Var. De este rango conservó una verdadera simbólica: Paseos umbrosos, anchas avenidas y edificios de marca, como el teatro. Todo eso no nos hace olvidar una historia más antigua, revelada por una vieja ciudad que incita a su descubrimiento. Puerta Romana del siglo XIV, Torre del Reloj del siglo XVII, moradas burguesas de los siglos XV y XVI, plaza del mercado...: Draguignan exhibe su atmósfera colorada de población provenzal y un esplendor que aún sigue patente.
La ciudad también incita a visitar sus alrededores por sus pueblos de vivo atractivo en esta región denominada Dracénie. Como Flayosc, encaramado en la cima de las viñas; Châteaudouble, con sus plazoletas y sus fuentes; y sobre todo Lorgues, arquetipo del poblado medieval. Un pueblo donde a uno le encanta perderse, por sus callejuelas jalonadas por torres, puertas fortificadas, molinos y fuentes, y separada del viejo caso surge la iglesia colegial San Martín, clara y maciza, con su campanario que se termina a 40 metros. Como el símbolo bien plantado de la felicidad secular de vivir en estas tierras.