A medio camino entre Liubliana y Zagreb, la capital de Dolenjska revela una riqueza insospechada en un meandro del río Krka. Se trata de una visita obligada antes de explorar los castillos, cuevas y viñedos de una región cargada de historia.
Se trata de una pequeña ciudad de provincia llena de encanto y recóndita, tal y como en ocasiones saben poner de manifiesto los turistas. En el sureste de Eslovenia oriental, los 20.000 habitantes de esta ciudad han sabido conservar y mantener un patrimonio que ilustra un pasado marcado por la importancia estratégica, ya que se encuentra equidistante entre la capital croata y la eslovena, Liubliana y Zagreb. Novo Mesto, centro comercial, cultural y religioso, despliega, en un recodo del río Krka, una antigua y atractiva ciudad marcada por calles con soportales comerciales, casas antiguas asomadas a los acantilados y una interesante iglesia gótica, Kapitelj, de profusa decoración barroca. Novo Mesto es también un museo, el Museo Dolenjska, conocido por su magnífica colección arqueológica y por la gran cantidad de lugares de interés y monumentos, como el Ayuntamiento, el barrio de Breg, los puentes sobre el Krka…
Más allá de la ciudad, Dolenjska tiene fama por conjugar hábilmente su naturaleza prístina con un rosario de castillos medievales. A lo largo del río o en mitad de los bosques, hay que visitar el castillo de Otocec en su isla, el de Graben, el de Kamen, el de Novi Dvor, el de Hmeljnik… yendo de uno a otro, el visitante tendrá oportunidad de atravesar en su camino los famosos viñedos de Eslovenia y las no menos emblemáticas cuevas del país, perforadas tal que un queso suizo en terrenos kársticos.