
Tanto sus habitantes como los numerosos visitantes de Ljubljana la consideran como una ciudad agradable, y aunque sea una de las ciudades europeas de tamaño mediano, uno agradece el confort de las pequeñas ciudades y al mismo tiempo las ventajas de una capital.
En la encrucijada de culturas orientales y occidentales, Ljubljana conjuga armoniosamente lo antiguo y lo nuevo. Ljubljana ha sabido conservar las huellas de sus cinco mil años de historia. Algunos de sus monumentos más valorados, son una herencia de la ciudad romana de Emona, la ciudad vieja y su castillo medieval, fachadas de estilo renacentista y barroco, portillos ornamentados así como las inclinaciones caprichosas de sus techos.
El muy apreciado mercado campesino ofrece productos de temporada frescos, procedentes de las distintas regiones de Eslovenia. Allí encontrará frutas y hortalizas cultivadas por los productores, setas recién cosechadas, bayas variadas, queso tradicional y las más hermosas flores silvestres que uno se puede imaginar.