Relais & Châteaux es una colección exclusiva de los 500 mejores hoteles con encanto y restaurantes gastronómicos presentes en 60 países. De los viñedos de Napa Valley hasta las playas de Bali, de los olivos de la Provenza a las reservas de Sudáfrica, Relais & Châteaux reúne las etapas del itinerario más bello para descubrir cada región y cada país.
En nuestros establecimientos, cada anfitrión quiere compartir su vínculo con una cultura, con una región. Después de haber pasado en ocasiones una vida entera asimilando la historia y el espíritu del lugar, le transmiten con pasión la esencia de su personalidad y sus raíces.
Lugares de ensueño para pasar un fin de semana romántico o celebrar los momentos más importantes de la vida: cumpleaños, aniversarios, lunas de miel, reuniones familiares... Gracias a la magia de nuestras casas, las más bellas ocasiones para reunirse se transforman en recuerdos inolvidables.
Relais & Châteaux, creada hace mâs de cincuenta años por la unión de grandes hosteleros y chefs de cocina, se impone como una referencia de excelencia en los sectores de la restauración y la hostelería. Con las experiencias y el viaje a través de los sentidos que le ofrecemos en nuestros establecimientos presentes en todo el mundo, le invitamos a redescubrir y redefinir un Estilo de vida particular.
Mi ruta de Aviñón a Marsella a partir de 799 € por 3 noches y 3 comidas
¿Por qué vinieron los mejores pintores a la Provenza? ¡Por la luz, sin duda! Por eso, es para mí un inmenso placer invitarles a seguirme en este itinerario de los «grandes rincones», que une, bajo el cielo claro y cristalino que todos nos envidian, las ciudades y paisajes más emblemáticos de la Provenza. Aviñón, Alpilles, Salon de Provence, Aix-en-Provence, Marsella..., ¡habrá acaso mejores recorridos!
Al imaginar esta ruta, me vienen a la mente palabras e imágenes simples. Aviñón y su increíble Palacio de los Papas, inmenso, inevitable. Alpilles, la pequeña montaña de pueblos íntimos alineados al pie de repliegues calcáreos. Salon de Provence y el inconmensurable Nostradamus... ¡Aix-en-Provence, esa magnífica «bombonera», ciudad de arte, estudio y campo «ideal»! Y por fin, Marsella, «la egocéntrica»: 2600 años de historia para una gran ciudad llena de vida, cuna de la Provenza. Le deseo –como a mí, que no me canso nunca de ella- un magnífico descubrimiento de esta ruta de los «grands sites».
*Precio indicativo por persona para una estancia de 3 noches en habitación doble y tres comidas, que incluyen lo siguiente: 2 forfaits Découverte & Saveurs (1 noche en habitación doble clásica o superior, cena bebidas incluidas y desayuno) en el Prieuré y en l’Abbaye de Sainte-Croix y 1 forfait “Evasion Gastronomique” (1 noche y 1 comida o cena gastronómica, bebidas no incluidas) en el Petit Nice Passédat.
Precio orientativo por persona. Las actividades, ya sean en nuestras propias instalaciones o en las proximidades, son únicamente sugerencias y usted mismo debe encargarse de hacer la reserva oportuna.
Frente a Aviñón, en la rivera derecha del Ródano, Le Prieuré es un auténtico «remanso de paz». El antiguo convento fundado en el siglo XIV, ha atravesado siglos para convertirse en un refugio en el corazón de esta ciudad medieval, cuya tranquilidad solo es comparable a la animación que reina en la ciudad de los Papas. Habitaciones y suites de estilo antiguo o contemporáneo, mesa provenzal, formidable «jardín de cura», piscina: Le Prieuré es sin duda una espléndida etapa de ciudad... en el campo.
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La Cartuja de Villeneuve-les-Avignon
Tras visitar Aviñón, dedique un tiempo a visitar la Cartuja de Val-de-Bénédiction. Edificada en el s. XIV en el corazón de Villeneuve por el papa Inocencio VI, le sumergirá en un universo de tranquilidad insospechada. Los claustros de San Juan y del Cementerio, la sala capitular, la iglesia o el refectorio, son testigos del poder pasado de la orden de los Cartujos. ¡Mayor que el palacio de los Papas! La Cartuja es una «nave» que hará las delicias de los amantes de la calma y la arquitectura religiosa.
No es más que un pequeño itinerario de 9 km, poco conocido y frecuentado por los turistas que les recomiendo con discreción. Desde el bonito pueblo de Barbentane y su castillo del siglo XVIII, la carretera departamental se eleva alegremente a través de los pinos y por encima de la llanura del Ródano, adentrándose en el macizo de la Montagnette. Esta «montañeta», típicamente mediterránea, premonitoria de los Alpilles, está dominada por la abadía de Saint-Michel-de-Frigolet, donde producen un delicioso licor.
Un almuerzo en La Chèvre d’Or, en Baux de Provence - kilómetro 24
¡Qué bien sienta detenerse en esta casa provenzal con paredes cubiertas de hiedra, escondida en un pequeño valle secreto de Baux de Provence! En este hotel-restaurante R&C, el chef Michel Hulin le deleitará a mediodía con la frescura creativa de su cocina, cuyos productos proceden, en su mayoría, del huerto biológico de la casa. Regadas con un chorro de aceite de oliva con denominación de origen de Baux de Provence, y un con un vino con denominación de Alpilles, sus platos harán de esta etapa una verdadera oda a la Provenza.
En la carretera de Alpilles a Salon, deténgase en Mouriès para visitar alguna de las almazaras. En los años 1960, al mando de las riendas del Petit Nice, organicé una cata para escoger el aceite que utilizaríamos en la cocina. La mayoría se decantó a favor del de Mouriès, el más afrutado. ¡Desde entonces, no le he sido infiel! ¿Qué le hace especial? Con el sol y la tierra, las olivas de esta región son grasas y con un sabor fuerte. ¡Para mí, las mejores!
Le encuentro a esta casa ubicada en el monte bajo, frente a los paisajes provenzales y cerca de la ciudad de Nostradamus, un encanto romántico incomparable. Como a mí, le seducirá la remodelación de este antiguo convento, sus acogedoras habitaciones, su inmensa terraza de cara al sur, mirando a la montaña Sainte-Victoire. Sentado a la mesa, una inspirada cocina rivaliza con la más ligera y festiva de La Passerelle, el bar de vinos y tapas que el hotel ha acondicionado con tanto encanto bajo las bóvedas de piedra.
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Los senderos pedestres y la finca del Petit Sonnailler
Escondida en plena campaña, la abadía de Sainte-Croix es el lugar ideal para impregnarse, a pie de los senderos de tomillo y romero de la Provenza. Desde el hotel, le esperan dos itinerarios a pie. El primero, lleva a una pequeña meseta de monte bajo que domina sobre Salon de Provence. El segundo, conduce hasta el viejo pueblo en ruinas de Vernègues y su vista inabarcable del Luberon. Y por el camino, no olvide degustar los vinos del Château du Petit Sonnailler, una finca que produce caldos de gran calidad.
En Salon, la casa de Nostradamus y el castillo del Empéri
Salon de Provence es mundialmente conocido por la Patrulla de Francia (los célebres acróbatas aéreos de la armada francesa), así como por ser la cuna del «adivino» Nostradamus. A este último, se le dedica un museo, que cuenta su vida, hecha de enigmáticas predicciones, enunciadas en las famosas Centurias. En el centro, no deje de visitar el castillo del Empéri: levantado sobre un peñasco que domina la ciudad, la antigua residencia de los arzobispos de Arlés alberga hoy un museo militar.
Cuando tenía 20 años, estudiaba canto en el conservatorio de Marsella, y ensayábamos cánticos con vistas a una representación en la abadía de Silvacane. El día en cuestión, en pleno verano, el concierto se grabó en la radio y vino mucha gente. Recuerdo un lugar envolvente, misterioso, casi místico. El entorno austero cisterciense había dejado su huella, no cabe duda. Guardo un vivo recuerdo de aquello.
Aix-en-Provence y el taller de Cézanne - kilómetro 50
Con sus singulares hoteles de los siglos XVII y XVIII, su laberinto de animadas callejuelas, sus placetas con fuentes y las terrazas de cafeterías del famoso paseo Mirabeau, Aix-en-Provence es el ejemplo perfecto del arte de vivir provenzal. Como a mí, le encantará el mercado de la plaza Richelme, los trabajos de restauración de las termas, los calissons (pastelillos de turrón), etc. Y sobre todo, no deje de conocer el taller de Cézanne. Ahí, en esa modesta casita de campo, el pintor creo algunos de sus lienzos más conocidos.
En Marsella, existe una villa neogriega mágica, ubicada al borde del Mediterráneo, lejos del tumulto de la ciudad: se trata del Petit-Nice Passédat, que tengo el honor de dirigir. Distinguida por las guías, la cocina de Gérald, mi hijo, es definitivamente del Sur, generosa en pescados y crustáceos. Para relajarse, nada mejor que una copa en la terraza, mirando al mar. Las habitaciones, espaciosas, se mecen al unísono con el ruido del Mediterráneo.
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El pequeño valle de Auffes
En Marsella, esta pequeña y destacada ensenada condensa a la perfección la esencia del barrio portuario foceo. En este minúsculo puerto, los barcos a flote o arrastrados a la orilla plantan cara a las pequeñas cabañas de pesca, transformadas en casa. El mar es casi invisible, aunque se le escucha cercano. La atmósfera popular y campechana: nos encontramos en el centro de la ciudad, y al mismo tiempo, alejados de todo. Le invito a hacer un alto en este sorprendente y pequeño valle de Auffes.
Símbolo de Marsella, con su cúpula coronada por una estatua dorada de la Virgen, la basílica de Notre-Dame de la Garde, encaramada a 160 m sobre su colina, domina la ciudad desde todos sus ángulos. Lugar de fervor religioso, con sus muros cubiertos de numerosos exvotos, la basílica es además un magnífico mirador, que desvela magníficas vistas sobre Marsella, su mar y sus costas. La «Bonne Mère» (buena madre), como la llaman los marselleses, es una visita obligada en cualquier estancia en Marsella.
Corazón de Marsella, el Vieux-Port concentra en torno a sus barcos amarrados numerosas cafeterías, restaurantes y terrazas. Flanqueado al oeste por el palacio del Pharo y el fuerte de Saint-Jean, al este por el famoso bulevar de La Canebière, el puerto viejo vibra cada mañana en torno al mercado de pescado. En el muelle del puerto, el ayuntamiento de Marsella mira de frente a la abadía de Saint-Victor y, en todo lo alto, a Notre-Dame de la Garde. Y si quiere tomar algo fresco, le sugiero que se detenga en la cervecería La Samaritaine.
A finales de los años 1950, formé parte de la troupe de la Ópera de Marsella. Como tenor ligero, canté El Barbero de Sevilla, La Dama Blanca, Mireya, etc., con Mady Mesplé, Mado Robin... Mi madre, cantante lírica también, actuó en Marsella, Lyón, etc. La Ópera de Marsella es una de las mayores de Francia, con cabida para 1850 personas. Con sus tres balcones, su interior en rojo y mármol, y a pesar de haber sido reconstruida en 1924, bien vale una visita.
Las reservas deben realizarse a más tardar 72 horas antes de la fecha de llegada y según las disponibilidades de cada establecimiento (excepto algunas fechas). Se autorizan modificaciones sin aviso previo. Precio para una habitación doble ocupada por dos personas.